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La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Lujo y terror en la Casa del Malecón

Alguna editorial debería traducir este gran libro de Slezkine que documenta la vida en la lujosa colmena estalinista

Leo en su edición francesa La Maison Eternelle. Une saga de la revolution russe (La Casa Eterna: una saga de la revolución rusa) de Yuri Slezkine, incomprensiblemente no traducido al español. Tras su edición original en inglés por la Princeton University Press en 2017, ha sido traducida al francés por Editions La Découverte, al alemán por Hanser Verlag o al italiano por Feltrinelli. Sería deseable que se editaran en español sus 1.200 páginas que se leen, créanme, de un tirón. Ciertamente largo, pero es difícil dejar su lectura.

Slezkine es un historiador de origen ruso establecido en EEUU desde 1983, profesor de Historia de Rusia y director del Instituto de Estudios Eslavos en Berkeley. Su libro trata de un gigantesco y lujoso edificio, hoy conocido como la Casa del Malecón, destinado a alojar a las élites intelectuales, políticas, artísticas y científicas del Régimen, además de héroes como el minero Stajanov o familiares de los jerarcas rojos, entre ellos los hijos de Stalin o la madre de Kruschev. Lo construyó en 1931 el arquitecto favorito de Stalin, Boris Iofán, autor del pabellón soviético de la Exposición Universal de París de 1937 o del proyecto del colosal y nunca construido Palacio de los Soviets, un edificio de 415 metros de altura rematado por una estatua de Lenin de 100 metros.

La Casa del Malecón, sin alcanzar estas dimensiones babélicas, era una inmensa mole elevada en la orilla opuesta al Kremlin, que incluía, con el pesante y desmedido lujo propio del Régimen, 500 apartamentos, un cine y un teatro para más de 2.000 espectadores, una gran biblioteca, gimnasios, pistas de tenis, guarderías, colegios, oficinas bancarias y de correos, salón de baile, patios y jardines; todo atendido por un ejército de 400 personas que garantizaban todos los servicios, desde limpieza a peluquería, masajes o sastrería. En la época de las grandes purgas 800 residentes, incluyendo familias enteras, fueron desapareciendo silenciosamente. Algunos apartamentos cambiaron hasta cinco veces de ocupantes entre 1936 y 1938. Tras la caída de la URSS se convirtió en residencia de nuevos ricos poscomunistas.

Esta es la apasionante, terrible y aleccionadora historia que cuenta, con una abrumadora cantidad de testimonios (diarios y biografías) de sus ocupantes que lo emparentan con V. Grossman o S. Alexiévich, este libro que debería editarse en nuestro país.

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