Todos somos iguales ante la ley, pero la ley del embudo hace que unos sean más iguales que los demás. Un embudo tiene dos lados, uno ancho y otro angosto, y -dicen- es una herramienta para canalizar fluidos y materiales granulares en recipientes de boca estrecha, pero depende: de la ley del embudo. Si hablamos de obligaciones -las suyas, las mías, las nuestras- el lado estrecho irá en su boca, en la mía, en la nuestra, de forma que no quede ni una gota de obligación sin pasar hasta lo más profundo de nuestras estrechas gargantas; pero si la obligación es, verbigracia, del consejero de Educación de la Junta de Andalucía, se tapará con la parte ancha del embudo esa jeta que tiene, de forma que si alguna obligación se cuela por la parte estrecha, con mantener cerrada la boquita, asunto resuelto. Si por el contrario, hablamos de libertad de elección -o cualquier otro derecho reconocido-, con la parte ancha del embudo en forma de burocracia taparán su rostro, querido lector, o el mío, y tendremos que abrir el pico al máximo, como polluelos en el nido, esperando que de suerte cuele una dosis mínima de derecho regurgitado; claro que si esa libertad o derecho reconocido es de, por ejemplo, el consejero de Educación de la Junta de Andalucía, entonces, pondrá la boquita pequeñita en el lado estrecho del embudo y no se escapará a sus anchas tragaderas ni un céntimo de euro de las actuales prebendas, ni de los futuros beneficios en el instituto Medac o a donde vuelva, a los que sin duda tendrá derecho y estará todo ajustado a ídem.

Y digo a donde vuelva porque en sus últimas declaraciones -asegurando que bajar la ratio no es la panacea- se aleja de la propaganda Medac, y se acerca definitivamente al Instituto Torroja de Ciencias de la Construcción, concretamente al departamento de materiales, donde ya están estudiando la dureza de su careto con resultados más que prometedores. Hay múltiples razones, pero la espoleta que activa esta columna es la violación de la libertad de elección de centro que la Consejería de Educación está cometiendo, al menos, en mi barrio. Un aguerrido grupo de madres -y algún padre, claro que sí- del Colegio Público Caballeros de Santiago están en pie de guerrilla luchando por la libertad de elección de centro educativo para su progenie: casos concretos de solicitudes concretas denegadas, cuando por otro lado se dice que se eliminan líneas en el colegio porque no hay demanda. Han acudido esta semana al Parlamento de Andalucía, donde les han dado un par de largas cambiadas; también al Defensor del Pueblo Andaluz, oficina de conocida eficiencia y esperada eficacia. El liberalismo de Ciudadanos se convierte en liberticidio cuando libremente se escoge la Escuela Pública ¿o es una cuestión del consejero y sus intereses? Aclárense y césenlo o sigan desapareciendo, ustedes verán. De la revuelta del directorado hablamos la semana que viene.

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