La vida vista

Julio para Manolete

Lo suyo es propiciar que el julio cordobés se haga manoletista y que el manolestismo se haga 'juliano'

Salvador Giménez, crítico taurino de esta santa casa y aficionado a carta cabal, de la vieja escuela, escribió aquí hace un par de años un hermoso artículo en el que reivindicaba a Manolete como figura esencial de la historia de la tauromaquia, para lo que daba muchos de los argumentos que se han vuelto a decir y a escribir estos días con motivo del centenario del nacimiento del IV Califa. Salvador apuntaba además un detalle muy personal y hondo: su predilección por el mes de julio a la hora de escribir sobre el diestro frente a lo habitual, que es escribir de él en agosto, cuando se cumplen años del cornalón de Linares. Apuntaba así Giménez a la necesidad de recordar al mito no sólo por su muerte heroica sino por su vida, que fue mucho más importante en lo taurino que su deceso en tierras jiennenses. Porque toreros en la plaza, por desgracia, han muerto muchos, algunos hace bien poco, pero Manolete sólo hubo uno sin que se haya vuelto a repetir nada igual, ni similar siquiera. Este año, por eso del centenario, julio se ha vuelto muy manoletista en la ciudad, con rutas turísticas que están cosechando un notable éxito, exposiciones, charlas y otras actividades. Y lo suyo sería, visto el interés que despierta el torero en aficionados y no aficionados, así como en los medios de comunicación nacionales y extranjeros, que Córdoba se pensase si julio no debe de ser manoletista sólo cuando hay efemérides sino siempre, cada año. No veo al actual cogobierno, con sus evidentes recelos y prejuicios, muy dispuesto para acometer tal empresa, así que quizá la Córdoba taurina, en su amplitud y no con los cuatro de siempre, sea la que deba propiciar que el julio cordobés sea manoletista y que el manoletismo sea juliano. Y con la implicación por supuesto de la Sociedad Propietaria de Los Califas, porque lo suyo es que cada año se celebrase un festejo en homenaje al diestro para que su recuerdo no se quede en la erudición de las exposiciones sino que siga saliendo al albero, quizá a través de los toreros más jóvenes. Ojalá en fin que el centenario sirva para algo más que para alventar lo mil veces dicho con el fin de que el manolestismo sea respiración vital y no cornada, réquiem de difuntos, blanco y negro.

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