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Julia y las rebajas

Hoy Julia ha abierto la persiana, pero el Gobierno le ha dado un último disparo mortal al prohibir las rebajas

Ella es empresaria. Es propietaria de una tienda. Ella viaja a los congresos internacionales donde se ofertan las tendencias que desde Italia y Francia traerá hasta Andalucía, a su empresa. Desde que terminó sus estudios Julia sólo quería abrir un negocio donde poder facilitar que la moda internacional, con sus novedosas tendencias, pudiera ser lucida por las calles de nuestra ciudad, aportándole a la misma altura y modernidad. La ciudad también se viste con la ropa de sus gentes. Sin duda, ahora que hemos estado confinados y las ciudades se han quedado solas, la reflexión era tan evidente como traumática: la ciudad no luce sin nosotros. Estaba hermosa, pero un día, cuando regresaba del trabajo, ya de madrugada, y tuve que dejar a un compañero en su casa del centro de Sevilla la vi por primera vez sola y perdida. Fue el primer día en el que pude circular por la ciudad desierta, y además ya dormida, en pleno estado de alarma y me resultó ciertamente algo tenebrosa. Tuve la certeza de que la ciudad sin nosotros, por muy hermosa que sea carece de vida. Y la vida se la damos nosotros. Las tiendas se quedaron cerradas, como la de Julia que al echar el candado y bajar la personas, dentro quedaron todos sus estilismos. Aquellos que tenía en el stock para vender en los meses de febrero, marzo, abril, mayo y lo que le sobrara sería para vender en rebajas del mes de junio. Pero el día que echó la cancela, la ropa quedó abandonada y sola en su interior. Sin nadie que la luciera, la ropa qué sentido tiene, y qué sentido tienen las ropas si nosotros no podemos vestirnos para lucirla en la calle. Hoy Julia ha abierto la persiana y ha visto moribundos sus vestidos y chaquetas. Les ha dado lustre y ha preparado todos los sistemas de seguridad sanitaria para poder vendérsela las clientas que ya empiezan a desear sentir la necesidad de verse algo renovadas después de habernos entristecido durante el encierro. No se vende mucho, las clientas tampoco terminan de llegar, todo es muy complicado para probarse, matar después al bicho y volver a colgar la camisa en la percha. Ni hay colas, ni listas de espera ni se espera las listas de ventas. Y el Gobierno va y prohíbe las rebajas; un último disparo mortal para Julia y los 200.000 puestos de trabajo que se perderán con semejante prohibición que contraviene las leyes del mercado. Julia, espera que este fin de semana el Gobierno cambie de opinión, le deje vender su stock como lo hacen las tiendas on line y pueda revivir su empresa que con tanta ilusión y sacrificio abrió.

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