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La colmena

Magdalena Trillo

mtrillo@grupojoly.com

¡Jornada de cuatro días!

No hay recetas únicas que extrapolar pero sí una reflexión: si incentivamos y motivamos o castigamos y perseguimos

No siempre más es mejor. Ni siquiera cuando hablamos de producir. El presentismo tuvo su sentido en la era industrial pero distorsionamos el enfoque, y nos engañamos, si queremos situarlo como barómetro de eficiencia en una sociedad de flujos y redes cada vez más globalizada, líquida y ácrata. Porque poco sentido tiene obsesionarse con las coordenadas del espacio y del tiempo cuando todo el foco está en los resultados; y cuando nos adelantan por la tangente chavales despistados que juegan en los garajes de Palo Alto y chinos trajeados altamente cualificados capaces de plantar cara en el Nasdaq.

En Granada, el Grupo Deluxe acaba de implantar la jornada laboral de cuatro días. A final de año lo probaron como experimento y desde el 1 de febrero lo han hecho oficial: han logrado los mejores resultados de su historia. Canal Sur hizo un reportaje este lunes y no había matices: "¡Un cambio espectacular!". La jornada semanal se ha reducido de 39 a 36 horas -manteniendo salarios- y se cumple en intensivo de lunes a jueves. Todos los viernes libres. ¡De puente todo el año!

Seguro que está pensando que todo lo que he escrito es una excepción... Que no es extrapolable. Que en su entorno de trabajo no es viable. Evidentemente, no es un modelo aplicable a todos los sectores ni a todos los escenarios. Pero resulta revelador sobre nuestra falta de previsión, y hasta ceguera, de lo que no es una distopía sino una realidad. Y es frustrante comprobar cómo nos estamos empeñando en España en imponer medidas de control, con el supuesto objetivo de ganar en competitividad, para parecernos más a nuestros colegas alemanes que a nuestros vecinos marroquíes, sin saber muy bien ni dónde estamos ni a dónde vamos.

Hace una semana, la Audiencia Nacional dio la razón a una empresa para que pudiera descontar de la nómina el tiempo que dedican sus empleados a desayunar, a tomar un café o a fumar. No cuestiono que no sea una decisión judicialmente justa, legítima para el empresario que pone en riesgo su capital, ni voy a negar que todos conocemos a escaqueadores profesionales que deberían volver a Barrio Sésamo para recordar la diferencia entre lo prudente o lo abusivo. Lo que importa, sin embargo, es el trasfondo. Y la reflexión es muy sencilla: si pensamos que podemos conseguir más incentivando y motivando que castigando y persiguiendo. ¿Tan difícil es asumir que con el fracaso también se avanza? La receta no será única, pero la filosofía sí. Aunque dé vértigo probar.

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