Faltaría a la verdad si dijera que Joker no es una película violenta y que es apta para todo tipo de sensibilidades -un consejo, no lleven a sus hijos a verla-. Faltaría a la verdad si dijera que esta -para mí, obra maestra firmada por el cineasta Todd Phillips y que bebe de clásicos como Taxi Driver, de Martin Scorsese- deja indiferente a quien durante dos horas acompaña a un Arthur Fleck - al que da vida un excepcional Joaquin Phoenix- en ese descenso a los infiernos y a la par liberación al que acaba condenándolo una sociedad sin empatía y falta de respeto. Faltaría a la verdad si dijera que esta es una película de supehéroes, nada más lejos de la realidad, aunque Joker acabe finalmente convertido en ese superhéroe mesiánico que las masas buscan para liberarse de la tiranía y la opresión del poder y, por ende, supervillano peligrosísimo para esa sociedad en la que los políticos brillan por su mediocridad. Faltaría a la verdad si dijera que el Joker nació siendo mala persona; insisto, al Joker es la propia sociedad -la sociedad en la que vivimos, como queda bien retratada en la película- y las circunstancias que se dan en su vida lo que lo convierten en asesino -y que conste que no justifico con ello que uno tenga que responder a los golpes ni liberarse del opresor a tiros, eso nunca; jamás justificaré la violencia-. Faltaría a la verdad si dijera que el personaje al que da vida -y de qué manera, con una interpretación de Oscar- Joaquin Phoenix no es un hombre con una enfermedad mental que tiene alucinaciones y es un narcisista patológico; un hombre que recibe una medicación de los Servicios Sociales del Estado para tratar su enfermedad y que el Estado decide, tras los recortes habituales en Sanidad, retirársela, una medicación que acaba dejando de tomar porque él no la puede costear. ¿Les suena eso de los recortes?

Faltaría a la verdad si dijera que a Arthur Fleck, que vive con su madre en un piso de mala muerte e intenta ganarse la vida como payaso en una agencia de entretenimientos, el mundo lo trata bien; no, el mundo es sumamente injusto y violento con él y sufre toda clase de abusos. Faltaría a la verdad si dijera que me da igual que muchos de nuestros políticos no entiendan el mensaje que después de pedir que lo presentaran en un programa de televisión al que había sido invitado como Joker les lanza, sobre todo, a esos que se les llena la boca diciendo que se ponen en el lugar del pobre, del que lo está pasando mal, del que no llega a fin de mes, esos que tienen todo tipo de privilegios y a los que lo único que realmente les importa es vivir de la política sea como sea. Faltaría a la verdad si en ese contexto no es fácil empatizar con ese pobre payaso sin gracia que acompaña su liberación bailando como nadie That's life -Así es la vida- de Frank Sinatra, un tema que es ya de por si un canto a la libertad del oprimido. Faltaría a la verdad si no recomendara esta obra maestra.

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