Decíamos ayer que los eruditos aseguran que la década empieza el año que viene, pero el común de los mortales, es decir, los que leen esto e incluso el que lo escribe, a la vista del guarismo no podemos resistir el sentimiento de cambio y eso es lo que manda: llevamos ya 11 días del mes de enero de los años veinte. El mes de Jano, el dios de las dos caras: el pasado y el futuro; la entrada y la salida; el que mira a lo que nace -oriente, de oriris, nacer, origen, oriundo-, el que mira a lo que muere -occidente, de occidere, caer, morir, ocaso-; el acierto y el error.

Los romanos lo colocaban en las puertas, una cara mirando a la calle y la otra mirando al interior de la casa; en Hispania -Obulco, vgr.- lo colocamos a nuestra manera, ya saben, Spain is different, y no desde anteayer. Parece que estamos cruzando un umbral de no retorno que marca definitivamente la frontera entre los siglos XX y XXI. El Brexit; el ascenso de China, Rusia y la India; la administración Trump; la realidad virtual en la que redes sociales, propagandas e intoxicaciones nos tienen sumergidos, y que empuja a las sociedades hacia la polarización y el enfrentamiento; las tensiones eternas en el Golfo Pérsico; la combinación del 5G y el internet de las cosas que va a fin a la privacidad; la transición del petróleo al hidrógeno pasando por el litio; la decadencia de la UE, parecen señales más que suficientes que indican el tránsito del que les hablo. Lo que lo confirma indubitadamente es la investidura del Bello Pedro a inicios de este mes de Jano.

El esperpento que nos ha brindado el Corral de San Jerónimo ha sido vanguardia del teatro español, ya saben ustedes lo difícil que es llevar a escena un esperpento. Viendo a Legina llorar por las esquinas, me vino el recuerdo de lo que cuenta Suetonio que dijo Sila al perdonar a César: "¡[...] ese mismo, a quien con tanto interés desean ver vivo, será algún día la perdición del partido de los optimates, por el que hemos luchado juntos, pues existen en César muchos Marios!"

A mí a estas alturas, como ustedes bien saben, el partido me importa un comino, pero le he visto las tripas desde dentro justo cuando Susan(tidad) junto a los plañideros de sombra y esquina eligieron al Bello como si fuera rubia y tonta, para que la de bote no se arriesgara a perder ante Madina. No olviden que en Pedro existen muchas Susanas, y alea jacta est, y que sea buena. Y hasta aquí la columna. En la calle se podría haber resuelto esto con un: o tienen suerte o nos comemos un jano como una mano.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios