Todos pendientes de la chimenea y ya hay fumata negra. Pablo Casado será el nuevo presidente del Partido Popular y candidato a la presidencia del Gobierno cuando Pedro Sánchez, esperemos que antes de perpetrar dos o tres medidas de difícil reparación, decida llamarnos a las urnas. Hubiese preferido que el resultado fuese otro. Soraya ofrecía un perfil más sólido, más experimentado y podía legítimamente presumir de éxitos indudables en el gobierno de Mariano Rajoy, pero aunque la más votada entre los afiliados fue ella los compromisarios han decidido lo contrario. Lo han hecho de manera no sólo legal sino legítima. La doctrina de la lista más votada había anidado por pura conveniencia en el PP, como medio para deslegitimar pactos que privaban de gobiernos municipales a candidatos populares, pero no hay duda de que cuando no hay victorias absolutas los pactos no son sólo legales sino legítimos para articular mayorías más amplias en la que confluyan quienes antes se han enfrentado. Nada que objetar a ello, aunque el sistema de primarias deberá revisarse en profundidad.

Se ha ido un gran presidente como Mariano Rajoy, llega para muchos, desde luego lo es para mí, una incógnita. Su campaña arrancó con apoyos más que cuestionables, desde el expresidente Aznar hasta Esperanza Aguirre pasando por Hazte Oír, y transitó por un evidente escoramiento hacia la derecha, pero al mismo tiempo recabó apoyos de gente muy poco sospechosa de extremista o de doctrinaria, desde Javier Maroto a nuestro José Antonio Nieto, pasando por Manuel Pizarro. El poder tiende a moderar, y estoy seguro de que Casado no será una excepción: manteniendo los principios elementales de los que participa la inmensa mayoría de los votantes de centro derecha, tendrá que bascular hacia posiciones más centristas en las que no sólo se ganan elecciones sino que son las mayoritarias en la sociedad española.

Su discurso en el congreso, magnífico en lo formal, tendió la mano a todo el centro derecha, no sólo a quienes le han apoyado sino a quienes están en el PP y han votado a Soraya y a quienes por muchos motivos, principalmente la corrupción, abandonaron el afecto hacia esas siglas, pero no las ideas compartidas. Debe el ya presidente perseverar en esa idea y alejar la tentación, inevitable por otro lado, de ajustar viejas cuentas, como seguramente le reclamarán algunos de sus apoyos. El PP es imprescindible para España y es mucho más importante que Pablo Casado o Soraya Sáenz de Santamaría, que Aznar o Rajoy: es el necesario lugar de encuentro para los españoles de centro derecha.

Se ha ido Rajoy, un grande, y lo ha hecho de modo exquisito. Ha llegado Casado, y lo ha hecho con un discurso sorprendentemente integrador y con una apuesta ganadora. Confiemos.

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