Con todo el dolor de mi corazón, les tengo que contar que la columna no suele ser fresca del día: aunque alguna entre ciento me salga imperecedera -Distopía, 28 de octubre de 2017, es jamón-, normalmente la escribo en un hueco que me salga entre el martes y el jueves para que ustedes la lean durante el fin de semana. Consigo así, por un lado, darle al manijero de la letra impresa en rotativa algo del sosiego que merece, y por otro, huir de la infecta espuma de la actualidad, adoptando así una mirada más amplia y sosegada sobre los temas que comparto con ustedes desde este pequeño altarcito que me han dado en usufructo. Esta semana me había marcado un cante de ida y vuelta desde el año 2024 que me había quedado níquel, y va a tener que esperar a que les diga unas cosicas sobre el tsunami, que como todos ustedes saben viene del japonés ?? tsunami, tsu, puerto, nami, ola. Lo del adjetivo democrático, opera en tsunami como en la República del Congo, en el socialismo democrático o en la democracia cristiana, ya saben: cuando un sustantivo contiene una cualidad genuina, no es necesario adjetivarlo.

El término tsunami, sin embargo, sí que es adecuado; en unos días veremos cuál es su escala, pero ya saben ustedes que un maremoto, independientemente de su origen tectónico o volcánico, es una ola que abarca toda la capa de agua desde la superficie hasta el fondo. Recuerden el color negro del agua del tsunami del 11 de marzo de 2011 en Honsu: es la mierda del fondo removida por el terremoto y diseminada por todo el territorio afectado por la destructiva ola. Porque eso es lo que hace un tsunami, destruirlo todo a su paso. Y ponerlo perdido. Uno, que ya tiene una edad y ha practicado varios tipos de lucha política -menos la guerra, Dios nos libre, casi todos- y sabe que es más sanguinario un congreso del partido que un piquete, en un momento lejano buceó en las teorías y las prácticas de lucha de Gandhi, especialmente en el concepto de satyagraha, que viene del sánscrito satya, verdad, y agraha, insistencia.

Según Mahatma: "un hombre satyagraha obedece las leyes de la sociedad con inteligencia y por sus propios deseos de hacerlo,[…]. Únicamente cuando una persona ha obedecido escrupulosamente las leyes de la sociedad, está en condiciones de juzgar[…]Solo entonces tiene derecho a recurrir a la desobediencia civil con respecto a ciertas leyes, en circunstancias bien definidas". Y apechugar con las consecuencias como Junqueras, añado, que no sabemos si además de fanático es tonto. Y no escurrir el bulto como el pelucas o el Torra, que además de fanáticos son miserables. Juaquinito: infiltrado, el que tengo aquí colgado.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios