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Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Infantilismo

La política trata desde hace tiempo a los ciudadanos como permanentes menores de edad

Sucedieron las dos cosas en el mismo mes, con un par de semanas o poco más de diferencia. A principios de noviembre asistí en la sede de la Fundación Cajasol a una interesante conversación de Mario Vargas Llosa con el periodista Juan Cruz en la que el Premio Nobel peruano desveló los motivos que lo llevaron a escribir Conversación en La Catedral y algunas de las claves del proceso de escritura de una de las novelas más complejas y apasionantes de la narrativa en español de la segunda mitad del siglo XX. Allí Vargas Llosa exhibió, como siempre, su profundo conocimiento de la realidad de América Latina y de su historia, un chispeante sentido del humor y un enorme talento para reflejar situaciones y anécdotas. A finales del mismo mes volví a ver a Vargas Llosa. En esta ocasión por televisión: el Telediario de la primera cadena pública -y se supone que por pública rigurosa en sus informativos y alejada de frivolidades- dedicaba minutos a la final de un concurso de cocina, que no es concurso ni es de cocina, en el que había resultado ganadora una de las hijas de la actual pareja del escritor. Y allí estaba el creador de Santiago Zavala y del negro Ambrosio dando saltitos de emoción y corriendo a abrazar a la feliz triunfadora que había logrado batir en los fogones a Boris Izaguirre y otros por el estilo. Como si aquello fuera lo mejor que le pasaba tras haber recogido hace ya casi una década su merecido Nobel de manos del rey de Suecia.

Valga lo ocurrido, que no tiene más importancia que la que cada uno le quiera dar, como un símbolo más de la capacidad de infantilización social que tiene la televisión y de cómo no sólo no ha disminuido en las últimas décadas, sino que se ha multiplicado exponencialmente. Lo peor es que ese tratar a la gente como si fueran por siempre menores de edad se ha trasladado a otros ámbitos de la vida y de forma especialmente dramática a la política. Valga un ejemplo: Pablo Iglesias es producto de las tertulias de La Sexta, un canal que decidió con éxito aplicar a la política el mismo libro de estilo que Tele 5 había aplicado al famoseo barato. Hasta el punto de que en su primera comparecencia electoral el símbolo del partido de Iglesias en la papeleta era la propia cara de Iglesias. Pero no sólo el líder de Podemos; muchos comportamientos de Rivera, de Casado o del propio Pedro Sánchez sólo se explicarían por la infantilización progresiva que está sufriendo la vida española. Vargas Llosa en Masterchef no deja de ser sólo la guinda de este pastel.

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