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Igualdad sin adjetivos

Al 8-M se le vuelven a incorporar adjetivos. De entre todos ellos, anticapitalista es el más llamativo

Hace años, cuando llegaba el 8 de marzo regresaba a las portadas la causa feminista. Primero se habló del día de la mujer trabajadora; después, de la mujer, sin adjetivos. Y ese paso resultó providencial. Hoy por hoy, el argumento ha roto todos los moldes que lo apresaban y se ha materializado de manera transversal en diferentes ámbitos y durante todo el tiempo. El 8-M no regresa nada porque sencillamente la mujer ya no es un tema del que ocuparse durante un solo día al año.

Quizá ahora es cuando más cerca estamos del objetivo, que es el de que no existan diferencias entre hombres y mujeres a priori por el hecho de tener sexos distintos; ahora, insisto, es cuando más riesgo corremos de perder lo que hemos alcanzado.

Existe un Ministerio de Igualdad. Y hemos alcanzado una mentalidad colectiva que será difícil que descarte la preocupación por la mujer como prioridad. Y el protagonismo de la mujer en lo social, lo laboral y lo institucional se vive de forma creciente e imparable. Y, sin embargo, ahora es cuando puede ocurrir que esta gran causa, que vino a cambiar el mundo y a aportar justicia sobre una tradición de siglos y siglos de trato desigual, puede descarrilar. Porque vuelven los adjetivos, si usted se ha dado cuenta: desde hace un par de años a esta parte, y es algo que va en aumento, a las convocatorias del 8-M se le vuelven a incorporar adjetivos. De entre todos ellos, anticapitalista es el más llamativo, el que más aporta a esa carga adjetival que además establece "feminismos buenos" y "feminismos malos". Esta misma semana hemos podido asistir a ciertas discusiones que establecen esa línea que juzga tipos de feminismo a un lado y a otro del bien y el mal. Es el peso del adjetivo, insisto, mal asunto.

La lucha femenina se visibilizó y avanzó en gran medida por desprenderse de cargas innecesarias. La igualdad, sin más. Para todas. Para todos. En este caso resulta muy oportuno distinguir el género gramatical. Sin embargo, esa sobrecarga en el adjetivo señala a un peligro. Cuando ciertas causas van alcanzando sus metas, surge el riesgo de que distintas facciones quieran ir a lo particular, a lo suyo, abandonando la causa general. Ojalá estemos a tiempo de corregirlo.

Y dicho esto, no olvidemos que hemos andado camino, loable y cuajado de nombres propios de gran mérito: pero queda mucho por hacer. Hasta el día en el que podamos dedicar el 8-M a otras causas.

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