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La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Ignorar la realidad sale caro

Aplíquese la frase de Burke: "Para que el mal triunfe, sólo se necesita que los hombres buenos no hagan nada"

Marlaska dice que "a día de hoy" lo de Cataluña "es un problema grave de orden público". Y que "hablar de una parte de la sociedad catalana que se ha intentado alzar contra el Estado amparada por determinados políticos me parece algo que no se puede mantener ahora". A esto el ministro de Interior, no de ferias y festejos, le llama "palabras mayores". Por lo visto que el 10 de octubre de 2017 el Parlamento de Cataluña declarara por mayoría el establecimiento de la república independiente de Cataluña no son palabras mayores. Que se condene a políticos catalanes por sedición no son palabras mayores. Que el ex presidente de la Generalitat esté fugado de la Justicia no son palabras mayores. Que Torra haya afirmado en sede parlamentaria que repetirá los hechos condenados no son palabras mayores. Que la violencia callejera agite, incendie y destroce desde hace semanas las calles de Barcelona y otras ciudades catalanas no son palabras mayores. Que un juez de la Audiencia Nacional abra una investigación por terrorismo a unos miembros de los CDR no son palabras mayores. Que la ANC justifique la violencia callejera y, lo que es más grave, que también lo hagan los políticos ya sea por palabra -caso de Laura Borrás, líder de Junts per Catalunya- u omisión -negándose a condenarla o condenando la violencia policial- no son palabras mayores. Que tenga que blindarse Barcelona, cortando incluso la Diagonal, para garantizar la seguridad de los reyes y la Princesa de Asturias en su visita a esta ciudad española no son palabras mayores. Que se intentara bloquear a los invitados con empujones y abucheos no son palabras mayores.

Marlaska, Dios bendiga su inocencia, ha dicho que "Barcelona no está blindada" y que sólo se han adoptado "las medidas necesarias" para que la visita de los reyes "se desarrolle con la normalidad propia de un Estado de Derecho". Si a ustedes las imágenes de ayer les parece que representan esa normalidad, felicidades: comparten la beatífica visión de Marlaska. Este hombre es inteligente y por ello supongo que piensa exactamente lo contrario y practica una política de prudente contención. El problema es que, cuando se ignoran los hechos reales, la prudencia se convierte en política de avestruz y la contención en distorsión de la realidad. Aplíquese la conocida la frase de Burke: "Para que el mal triunfe, sólo se necesita que los hombres buenos no hagan nada".

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