El origen de nuestra definición como humanos está en cómo nos relacionamos entre nosotros. Circula últimamente el relato del primer fémur partido y curado como primer indicio de humanidad, es algo que reconforta en estos momentos; pero no olvidemos las huellas de corte con herramientas en huesos humanos del nivel TD6 de la Gran Dolina, que documenta el canibalismo, ni los estudios genéticos de resistencia a priones, que demuestran que toda la especie humana ha sido caníbal.

El origen de nuestra definición como humanos está en la tecnología, concretamente la industria de modo 1, los cantos tallados por el Homo Habilis hace 2,8 millones de años a orillas del Omo, que llega hasta nuestros días en un proceso acumulativo de mejoras tecnológicas continuas que llega hasta el F-35, el SU-57, la bomba nuclear o el internet. El origen de nuestra definición como humanos está en cómo nos relacionamos con el medio ambiente: al principio en feroz competencia con otras especies cazadoras y recolectoras, salimos adelante siendo más carroñeros que otra cosa; la depredación de amplio espectro como solución adaptativa al cambio ecológico del fin de la era glacial dio pie a la revolución neolítica, desde entonces, como un relámpago hemos transformado el planeta hasta el punto de que la geología va a definir una nueva era, el Antropoceno, porque ya no queda sitio en el planeta sin nuestra huella. Relaciones hombre-hombre; relaciones hombre-máquina; relaciones hombre-medio: así se escribe la Historia.

¿Qué relaciones queremos de aquí en adelante? ¿Seremos lo suficientemente inteligentes como para establecer relaciones humanas parecidas siquiera a la declaración 217 (III) de la ONU, o va a ser la fuerza el único medio de lograr objetivos más o menos comunes? ¿Podremos establecer espacios de soberanía de proximidad, que doten de lo mínimo al mayor número de personas? ¿Queremos hacerlo? ¿Qué hacer si no con los flujos migratorios? ¿Qué hacer con los pobres? ¿Qué hacer con los ricos?

¿Queremos relaciones internacionales multilaterales y policéntricas, o vamos de nuevo a un mundo de bloques enfrentados? ¿Cómo asumir el fin del trabajo consecuencia de la robotización inexorable de las cadenas de suministro y producción de bienes de primera necesidad?

¿Vamos a permitir medidas de control social basadas en algoritmos de datos masivos? ¿Y las armas robotizadas y automatizadas? ¿Qué se va a cultivar, con qué agua y dónde? ¿Quién va poseer los cultivos? ¿Y el agua? ¿Dónde se va a consumir lo cultivado? ¿Quién come qué y a qué precio? ¿Qué vamos a hacer ante la extinción masiva de insectos? Ustedes dirán. O no.

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