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Hilo a la coleta

Para sopesar si hay que meterse o no en la bronca, conviene preguntarse quién gana y quién pierde

La táctica de Pablo Iglesias es obvia. Como le pintan bastos, se pone basto para camuflarse y trata de enmarañar el campo para hacer impracticable la labor de la oposición. Tampoco es sutil ni original la táctica bolivariana de acusar de "golpismo" a quien se atreva a dudar de la absoluta legalidad de todo lo suyo.

La duda es si la oposición tendría que entrar o no a la provocación. Lo hizo Cayetana Casa-Fuerte, exasperada de que Iglesias le eche en cara a sus antepasados a cada momento. Ella recordó a los Iglesias de toda la vida en una no muy exacta analogía. La puntería de Cayetana estuvo en que, aunque dijo que ya no lo volvería a repetir, cada vez que Pablo vuelva a mentarle el marquesado, todos, por un reflejo automático entre estirpes, pensaremos en el FRAP. Más tarde Espinosa de los Monteros entró en otra provocación eclesial. A propósito, qué extraña obsesión robespierruna tiene Iglesias contra la aristocracia, ¿no?

Para sopesar si hay que meterse o no en la bronca, conviene preguntarse quién gana y quién pierde. A bote pronto, gana Iglesias, que logra que no se hable de los muertos en las residencias de ancianos de su responsabilidad o de las maniobras del Gobierno de dudoso respaldo legal o de sus fotos ilegales, mientras enardece a sus votantes. ¿La oposición pierde? Yo creo que no, porque 1) puede recordar luego las cosas de las que Iglesias nos quiere distraer; 2) tiene fácil señalar que el nerviosismo gubernamental es signo de debilidad; 3) decepcionaría profundamente a sus votantes si no pusieran pie en pared ante los insultos quemasangres del vicepresidente y 4) dejan en evidencia a Ciudadanos y tal vez al PNV que sostienen a Iglesias en su puesto.

Entonces, ¿no pierde nadie? Pierde Pedro. Porque hay personas de izquierdas a los que el comportamiento del vicepresidente abochorna y preocupa, y lo dicen en las redes sociales. Habrá, sin duda, muchos más que estén encantados con el tono bronco, pero esos deberían preocupar más a Sánchez, que si pierde a los pudorosos por un lado, pierde a los belicosos por la banda de Iglesias, al que se irán pasando. El perfil presidencial de Sánchez pierde además reputación internacional. El PP y Vox, siempre que dejen la iniciativa de la invectiva al furibundo vicepresidente, pueden darle tranquilamente hilo a la cometa del histrionismo de Iglesias. Quien tiene un motivo real de preocupación es su socio Sánchez.

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