Soy un hereje. Hay semanas que refuerzan mi tendencia innata a la herejía. No sé si es cosa de la edad o tiene que ver con el cambio de día del Consejo de Ministros. Si es lo segundo, es que me ha pillado la infecta ola Redonda, la espuma del cocido que propaga el nuevo Rasputín: la actualidad que nos inyectan en ciclos cada vez más cortos para tenernos aturdidos, y eso a mí, que siempre he preferido la estupefacción, me molesta profundamente. De esa molestia nace mi herejía que es muy griega, airetikos, el que es libre para elegir: y elijo escribir esta columna en contra de los que están en contra.

Empezamos por la huelga en educación -no huelga decir que de eso no queda ni mihita- afirmando que el decreto de escolarización va a lo que va, que es pura intersección con los pretéritos intereses del consejero del ramo, y ya veremos si también de los futuros, lo que lo situaría en destacado puesto del golferío patrio, algo que no asombra en un país que ha tenido un ministro de Hacienda con asesoría fiscal con balcones a la calle. Nada esperaba de esta gente. Tampoco espero nada de la otra gente, que tanto han dejado de hacer cuando han podido, y tan poco están haciendo ahora que pueden: denuncien el concordato, sean rojos.

Soy un apóstata. De quien sí esperaba algo más es de la tal Codapa, cuyo principal interés en todo esto, más allá de la agitación, parece ser justificar ausencias injustificables y solicitar que no se realicen exámenes el día de la huelga, contribuyendo así a la crianza de otra generación blandengue e irresponsable, lo cual me enfada considerablemente. De ese enfado nace mi apostasía, que es muy griega, apos, apartar, e histanai, poner, estar de pie, y eso hago: me aparto y permanezco erguido y lejos de las que están ahora en contra.

Soy un blasfemo. Resulta que al otrora asaltante celestial los polimilis de la Complu le han hecho un escrache y le han llamado, agárrense, ¡vendeobreros! En paralelo y como postre del inefable vídeo de la tarta ministerial, la señora marquesa agita un proyecto de ley no identificado para fardar con la cuchipandi en la mani de mañana, y el otro Pablo, el del servicio, macarrea a todo un ministro de justicia socialista delante de todo el mundo, lo cual me parece lisérgico. Esto con los del puño y la rosa no pasaba, pero con los del corazoncito todo es alucinante. De las alucinaciones nace mi blasfemia, que es muy griega, blasto, ofender, phemia, hablar, y desde aquí me cisco en todos los que están en contra de algo. ¿Votos a favor?

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios