Heinsenberg

Muerta la verdad, muerta la mentira: cambio de paradigma. Bienvenidos a Posmodernia

Este título la chavalería nacida en este siglo lo va a asociar a aquél al que los Cuates de Sinaloa le cantan en el narcocorrido Negro y Azul: "Anda caliente el cartel / al respeto le faltaron / hablan de un tal Heisenberg / que ahora controla el mercado". Ya saben -o no-, Breaking Bad, la serie del profe de química que se hace malo malísimo. Pero hablamos hoy de Werner Heisenberg y no de Walter White. El bueno de Werner en 1927 vino a decirnos que es imposible determinar de manera simultánea la posición y la velocidad de una partícula subatómica. El famoso principio de incertidumbre explica que la mera observación de un objeto lo modifica y eso es una movida chunga, porque tira por tierra el principio de causalidad mecánica de la física newtoniana y la teoría del conocimiento asentada en el racionalismo cartesiano. De repente Werner nos dice que no se puede conocer la realidad en sí, que la única realidad es el conocimiento que generamos. Es demoledor: "(...) ha resultado que a los constituyentes elementales de la materia, a los entes que un día se concibieron como la última realidad objetiva, no podemos de ningún modo considerarlos "en sí": se escabullen de toda determinación objetiva de espacio y tiempo, de modo que en último término nos vemos forzados a tomar por único objeto de la ciencia a nuestro propio conocimiento de aquellas partículas".

Arrasa gran parte de la teoría del conocimiento establecida hasta entonces -prácticamente sólo queda en pie la duda cartesiana, hija de Sócrates-; revienta las fronteras entre ciencias naturales y sociales, y las exactas ya no se reivindican como tal. Muere la verdad, lo que queda es probabilidad de certidumbre como mucho. Y claro, de la probabilidad de certidumbre a la certeza de podredumbre hay menos de un palmo, cuando se trata de arrimar el ascua a la sardina de cada cual. Muerta la verdad, muerta la mentira: cambio de paradigma. Bienvenidos a Posmodernia. La paradoja de todo esto es que las consecuencias de los avances del bueno de Heisenberg, nos van a llevar de regreso al medievo pasando por una ola de neorromanticismo nacionalista que cada día da mas arcadas. El cambio de paradigma en la vanguardia de la ciencia ha potenciado el pensamiento mítico en las sociedades occidentales y eso, tal y como lo están manejando algunos espabilaos supone un riesgo de quiebra del sistema democrático, como estamos viendo día a día a poco que alcemos la vista. Lo único que digo es que, si el 99% de la industria puede funcionar bajo los parámetros de Newton, seguro que la política también. Y los experimentos, con gaseosa. Plis.

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