En el disjunto vacío "libertad" -significante vacío dicen los postmarxistas- cabían unas cañas, unas bravas, una victoria electoral, la presidencia de la Comunidad de Madrid y un gin tonic servido en una copa balón gigante con horizonte infinito donde MAR se relaja haciendo unos largos despacito. Y algunas lecciones; la primera es que una cosa es la teoría y otra es la práctica, ergo si un perro viejo le ve los mecanismos a un cacharro puedes darte por perdido. Sólo es necesario saber leer y tener ganas para ver en qué consiste la tan cacareada lucha por la hegemonía socialista: generación de un marco, expresión de todos los antagonismos posibles, vaciamiento del significado de los conceptos que los expresan creando significantes vacíos cuya conquista otorga la victoria política en lo electoral y más allá. Cuando la victoria trasciende lo electoral le llaman crear pueblo, y es la esencia del populismo, que dice que el pueblo es sujeto para la revolución, pero todos sabemos -algunos no- que es objeto para alcanzar el poder.

Pues eso es lo que ha pasado en Madrid, por más que doña Carmen, el marqués y aledaños nos quieran hacer comulgar con ruedas de molino y con todos los mitos y dogmas trasnochados que ya sólo se creen los beatos de su credo. Parece una zarzuela -ya saben: una morena y unas barbas, hijas del pueblo de Madrid, me dan el opio con tal gracia que no las puedo resistir- pero esta campaña electoral ha ido más allá poniendo en práctica sistemas de lucha política que son muy peligrosos y que bien haríamos en conocer y rechazar.

Luchar por la hegemonía en vez de por la representación es avanzar hacia la dictadura, sea cual sea su signo. Como siempre, la etimología nos ayuda a comprender y, como todos ustedes saben, hegemonía viene del griego hegemon, jefe y hegeomai, guiar: más claro agua.

Cuando se ponen sobre el tablero este tipo de prácticas populistas, inevitablemente se produce una reacción cuyo alcance depende mucho de lo que los marxistas clásicos llamaban las condiciones objetivas y que aquí vamos a llamar simplemente contexto. En el caso de Madrid la derecha democrática -lo es, por más que les pese- le ha dado de su propia medicina al populismo de salón de Sánchez, al frentismo de Iglesias -tanta paz lleve como descanso deja- y ha taponado al fascismo a través del pepismo: la señora Ayuso diciendo lo que ha salido del pepe, en un alarde de liderazgo chulapo que ha sido apoyado mayoritariamente por el pueblo de Madrid. En su mano está seguir avanzando hacia la hegemonía o afianzar la base de los que se sienten representados por ella: esa es la disyuntiva.

En Colombia, Duque ha hecho suya la teoría de la revolución molecular disipada, según la cual cualquier disidente es una amenaza, y está entrando otra vez en la más abyecta tradición genocida sudamericana.

¿Querías hegemonía? Toma dos tazas.

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