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Veredas livianas

Noelia Santos

nsgemez@eldiadecordoba.com

Habla bien, habla andaluz

No se trata de presentar acreditación por el acento, sino de todo lo contrario

Con lo del acento andaluz qué vas a hacer? ¿Lo vas a suavizar? ¿Lo vas a dejar?". Pablo Motos volvió a cubrirse de gloria cuando le hizo estas preguntas a Roberto Leal por su inminente estreno como presentador de Pasapalabra. Lo curioso de todo esto es que a Pablo Motos le preocupe el acento de Roberto Leal, o a lo mejor le preocupa que los espectadores no entiendan a un periodista que lleva trabajando 20 años en la televisión, vete tú a saber.

Todo esto aburre, y mucho. Los tópicos entorno a la cultura del sur o las clases de lengua de la supuesta superioridad castellana son nuestro pan de cada día. Y no cansa tanto escucharlos o leerlos, porque al final una se acostumbra a todo esto como quien se acostumbra a ver El Hormiguero, porque sobre gustos a ver quién es capaz de opinar. Lo que más cansa es tener que justificarse, tener que recurrir a decir eso de que el acento andaluz es más rico porque expresa más con menos y no sé cuántas cosas más, que son ciertas, pero qué pereza.

Mis amigas dieron en la clave el otro día a través de un grupo de Whatsapp en el que se hablaba de la campaña #YoHabloAndaluz, surgida a raíz de las críticas a la ministra Montero y su acento (¿veis? esto es un no parar). Está perfecto que echemos la vista atrás y saquemos a relucir a Lorca, Pineda y Machado, que subamos vídeos defendiendo nuestro acento y diciendo que tenemos tres carreras y un doctorado. El problema aquí es que tengamos que recurrir a Lorca, Pineda o Machado o presentar acreditación para justificar que hablamos cómo hablamos. ¿Estamos locos?

Llevo toda mi vida escuchando el laísmo que resuena desde el Congreso hasta la calle y no he visto a ningún madrileño justificarse argumentando no sé qué historia de por qué lo emplean de esa manera en ese acento suyo que, por cierto, no existe. Y me da igual el laísmo, el leísmo y el loísmo, en serio, no me importa.

Pero ya está bien de tener que justificarnos por hablar de la manera en la que hablamos, tengamos una carrera, trabajemos en un hospital o limpiemos suelos. Ya está bien de tener que alegar que esta tierra fue de no sé quién o de no sé cuál como si estuviéramos obligados a justificar que mi acento también resonó en boca de fulano. Hablo andaluz y tú no, acéptalo.

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