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Tras el inmenso error de convocar segundas elecciones para mejorar su posición, y empeorarla, Pedro Sánchez está intentando reeditar la coalición adversa que echó a Rajoy del poder. El mejor de los augurios en su tarea sería un gobierno frágil y débil, con nueve partidos a favor y dos abstenciones, el único de la UE sin una mayoría parlamentaria detrás. Por una vez, el PSOE andaluz contempla el escenario como mero espectador; guarda luto riguroso por la dura sentencia contra el uso ilegal de ayudas europeas a expedientes de regulación de empleo durante los años 2000.

Mientras tanto, en el resto de España algunos de los tenores y barítonos del Partido Socialista, como Iceta, Lambán y Page andan a gorrazo limpio. Entre otras cosas, esto significa que el PSOE andaluz ha dejado de ser referente de su partido en el ámbito nacional, y deja dudas sobre la abrumadora aceptación de los militantes a favor de un acuerdo de gobierno con Podemos y los asociados de la moción de censura. Los votos en esas consultas están condicionados por la colocación institucional u orgánica que los participantes tienen que defender.

La herida de las primarias no se ha cerrado. Susana Díaz perdió aquella elección con el mismo discurso con el que Sánchez hizo la campaña para el 10-N: mirada al centro, unidad nacional y que gobierne la lista más votada. Sánchez ganó aquel duelo con la tesis contraria: cortejo a Podemos, no es no al candidato más votado en 2015 y 2016, y "Cataluña es una nación y España una nación de naciones". Claro que el discurso de Sánchez parece dibujado por el diseñador de una montaña rusa. Ha dicho sobre los tres elementos una cosa y la contraria.

Las mayores contorsiones han sido sobre Podemos: que le quitaría el sueño tenerlos en el gobierno, que no defenderían la democracia, que no sabrían administrar un presupuesto, que no podrían estar al frente de ministerios de Estado… Pero les firmó un pacto de gobierno en 48 horas. En Cataluña el presidente en funciones ha pasado de considerar una rebelión la insurrección de septiembre y octubre de 2017 a proponer a los sediciosos un acuerdo con "seguridad jurídica" en el que no menciona la Constitución.

Y mientras se construye un pacto precario, el tam-tam nos avisa que hay mar de fondo en el interior del PSOE. El presidente aragonés Lambán llama supremacista al catalán Iceta, que reclama respeto para los sediciosos de ERC, presuntos socios pasivos del ejecutivo que viene, y proclama que Cataluña es una nación. Y el presidente castellano manchego hace alusiones escatológicas necesitadas de vaselina y se lamenta de que el PSC no le defienda de los ataques indepes… El patio está pendiente de un difícil encaje de bolillos que involucraría dos partidos en el gobierno, siete más apoyando desde fuera y otros dos absteniéndose. No hay un solo gobierno en la Unión Europea tan cogido con alfileres. Vienen años de inestabilidad.

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