Los nuevos tiempos

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Guerras fratricidas

Cambian las lealtades porque la gente cambia; cuesta aceptarlo pero es ley de vida

Para entender esta guerra del PP, tan tópica y tan típica entre gente que aspira al poder, nada mejor que recurrir al socorrido refrán aquel que dice: "De los amigos líbreme Dios que de los enemigos ya me libro yo". O, si no, buscar entre las propias experiencias que cada cual tenga en su biografía para verificar este axioma de la vida.

Ex parejas vengativas; (malos) amigos 'íntimos' reconvertidos en simples enemigos camuflados; hijos ingratos; padres celosos de sus propios hijos; compañeros envidiosos; advenedizos con más interés por su prosperidad que en la nuestra; o, en fin, amigos de siempre tipo Casado que luego se vuelven los más acérrimos competidores de heroínas de la derecha con luz propia y carisma como lo tiene Ayuso.

Es en política donde más claro se ve esta conversión del sano compañerismo en encerrona mortal. Y ahí empieza el conocido "y tú más" que vemos en esta batalla campal interna, crónica de una muerte anunciada entre el chico meritorio del partido que se crió en las juventudes y que fue escalando puestos a base de cumplir las expectativas de sus mayores y la chica sin relieve ni aspiraciones claras que le cuidaba el perrito a la líderesa. Cambian las lealtades porque la gente cambia. Cuesta aceptarlo pero es ley de vida.

Las más de las veces no son tanto los intereses particulares del sujeto los que actúan sino los de su entorno. La necesidad de pagar favores, de colocar a unos y otros, de callar bocas que todo poderoso tiene siempre a su alrededor hacen del líder un prisionero de sus fieles de ahora. Y eso presiona. Y tienes un coro de bocas que alimentar que cargan las tintas contra el enemigo íntimo, como ya vimos en las filas contrarias cuando Sánchez y Susana la liaron parda y dieron el espectáculo aquel de zancadillas y maniobras que, como si fuera un cáncer de la política, vemos ahora repetido en el lado opuesto, con otros protagonistas, pero con parecidas malas artes que nos ofrecen de nuevo un juego de tronos la mar de suculento a los que miramos desde la grada, que es lo que nos queda a los que nada vamos a pillar en esta guerra y en todas las otras, tan necesarias en política como tan poco estéticas cuando la mugre del partido llega tan arriba que hasta rebosa y la vemos, que es lo que ocurre ahora.

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