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'Greta is coming'

Si las clases medias comen pollo, no se debe a las rogativas de la juventud hippie, sino a un vasto proceso tecnológico

El advenimiento de Greta Thunberg, pues de un advenimiento se trata, y no de la mera llegada de una escolanda algo colérica y ociosa, el advenimiento, digo, de la señorita Thunberg, se ha retransmitido como la venida de un semidiós, del que hemos ido conociendo su posición por GPS (el Telediario de Ana Blanco no me dejará mentir), para saber en qué parte del océano Atlántico, vuelto a su viejo oficio de Mare Tenebrarum, se hallaba nuestra redentora. Ahora mismo, el único precedente que se me ocurre es el de Napoleón cuando salió de la isla de Elba, para dar comienzo a los Cien Días. Entonces, y conforme iba acercándose a París, las crónicas se volvían cada vez más elogiosas: "el monstruo ha escapado"; "Napoleón llega a Marsella"; "El Emperador, se aproxima a la capital"...

Creo que era Stendhal quien lo contaba, entre las muchas páginas que le dedicó al Sire. Lo cierto es que todo aquello acabó en Waterloo, la ciudad de Puigdemont, poco tiempo más tarde. El propio presidente en funciones, don Pedro Sánchez, ha manifestado en la Cumbre climática de Madrid que sólo los fanáticos niegan la evidencia del cambio. Se le ha olvidado añadir que el otro peligro que nos acecha, a los europeos principalmente, es el de los nacionalismos. Pero ahí don Pedro se abstuvo de llamar fanáticos a sus partidarios, entre los cuales se encuentra, de modo circunstanciado, él mismo. A lo que íbamos, en fin, es que el mundo que hoy se critica acerbamente, y no sin numerosas razones, es el mismo mundo, hecho de fosfatos, sulfatos y maíz transgénico, que permitió alimentar a una población mundial que se propalaba exponencialmente. Con esto se quiere recordar que si las clases medias comen pollo desde los años 60, no se debe a las rogativas de la juventud hippie, sino a un vasto proceso tecnológico que hoy nos pone tomates insípidos en las fruterías, al margen de una estacionalidad milenaria. Lo cual implica, de igual modo, que son los hijos más lustrosos y mejor alimentados de aquel proceso quienes hoy se permiten deplorarlo, no sólo como algo monstruoso, sino como algo ajeno a ellos mismos, y cuya responsabilidad es de los "mayores", devenidos criminales ecológicos.

Sin embargo, son esos "mayores" quienes idearon la forma de alimentar a una humanidad crecida, y quienes detectaron y alertaron, hace ya mucho, del cambio climático. Desde luego, no ha sido la joven Greta, cuyo papel en este asunto es el de un breve colofón, histérico y mistagogo.

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