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Gafas de cerca

Tacho Rufino

jirufino@grupojoly.com

Con Greta, estúpido

Viendo la llegada a Madrid del ya icono ecologista del XXI, la adolescente activista Greta Thunberg, me rasqué la cabeza hasta que me dije "¡ya!, a lo que me recuerda es a la entrada de Jesús en Jerusalén" según nos la cuentan las películas, o a lo que debieron ser los desfiles de Julio César al volver a Roma después de una campaña victoriosa. Una profeta insospechada y muy controvertida de una causa urgente. Miles de personas por las calles dificultaban el acceso de Greta a pie al escenario de su discurso. Llegué a pensar -ya pasó; ya no hay posible mal fario por mi parte- que algún loquito hiciera con ella lo que hicieron con Martin Luther King o con un par de Kennedys. Greta levanta pasiones encontradas: admiración o sermones de descrédito. En España, arracimadas en dos bandos, tan nuestros.

Ha sido importante la mofa, el guaseo y la descalificación hacia ella de mucha gente. Yo mismo ironicé en una red social hace unos días sobre su severidad. También me llamaban la atención los ataques a sus padres, las auditorías a sus desayunos, a su simbólico barco velero o al coltán de su teléfono. La chica padece Asperger y, dicen, Trastorno Obsesivo Compulsivo, diría yo que en grado moderado, porque su cabeza rige a cien por hora a la hora de defender sus principios sobre el cambio climático antrópico, el causado por la actividad humana. Su discurso en la ONU me resultó repelente por la dureza y los gestos de hostilidad (también comunes en esas patologías). Y ese rechazo me ha hecho poco después envainarla, y comprender que su mensaje, o era apelante y agresivo, o no hubiera llegado a ser lo que es: un cañonazo mundial. De palanca limitada por ignorar la Cumbre del Clima los países que más carbonizan el planeta, que no son de la vieja Europa. Pero su mensaje ha concienciado a mucha gente joven. No desdeñemos eso con sarcasmo y descalificación a priori.

Por estos lares meridionales, cachondearse de Greta y buscar oscuras motivaciones suyas y de sus "titiriteros" ha sido el deporte de la quincena. Con una gran previsibilidad: los negacionistas del cambio climático (prefiero a sus cínicos) son en buena medida los mismos que niegan que la violencia en la pareja es por mortal goleada masculina. Nada de trajes a la medida: que piensen otros, que yo me acojo a lo que dicen los de mi trinchera. Yo estoy con Greta. Su impacto será limitado, de momento, pero es valioso. No estoy con Bardem, que llamó en el acto de ayer "estúpidos" a quienes no le gustan a él. Le diste el abrazo del oso a Greta, con tan gran argumento, Javier. Estúpido.

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