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Gafas de cerca

Tacho Rufino

jirufino@grupojoly.com

Gresham y política 'low cost'

De la nostalgia al patetismo puede haber un paso, y por eso conviene practicarla en solitario, sobre todo si la añoranza de las personas y el tiempo pasados cursa con suspiros y alguna lágrima. La añoranza es, sin embargo, una gran fuente de creación. Poemas y canciones: es inevitable recordar el verso de Manrique tras la muerte de su padre: "Como, a nuestro parecer, cualquiera tiempo pasado fue mejor"; un buen bolerazo o una balada de Elvis Costello escuchados en su debido momento te provocarán un regusto masoca que debe estimular alguna conexión de placer mental y liberar una suerte de felicidad de la tristeza que, aunque suene a oxímoron, es una buena definición de nostalgia. Cuando veo un partido de la muy atlética y muy morena Premier League inglesa, me salta un resorte nostálgico y echo de menos como a un padre a Johan Cruyff o a Julio Cardeñosa. Veo la gala de los MTV el domingo pasado y puedo añorar, fíjese lo que le digo, a Massiel cantando el La, La, La. Eso sí, dicen que la gala ha dejado en Sevilla una pila de millones. Los millones del evento y el turismo, sin embargo, son en algún porcentaje estimable como la falsa moneda, que de mano en mano va y ninguno se la queda. Bueno, sí, los ayuntamientos adictos a las tasas e impuestos del montaje que se ofrece a los turistas y visitantes sí se la quedan, y eso engancha mucho, casi que los obsesiona. Pero hablemos un párrafo de moneda, de la buena y de la fullera.

Sir Thomas Gresham enunció en el siglo XVI una ley con su mismo nombre, según la cual si en un territorio y mercado conviven dos monedas del mismo valor facial -el que reza estampado en el metal-, pero una de ellas, la buena moneda, es de mayor valor intrínseco porque tiene más contenido de, por ejemplo, plata, la mala moneda, la más vulgar, acabará por echar a la buena del mercado. El motivo es que la gente utilizará la mala moneda para sus pagos y cobros, y ahorrará la buena, hasta que la fullera, a modo de especie invasora -de cotorra de Kramer o sirulo del pantano de Iznájar- se enseñoree y elimine a la buena. Queda el espacio justo para recordar a ciertos políticos de los años ochenta y noventa del XX y a los que han estado esta semana debatiendo y mitineando - también con cierto aire de cotorras reiterativas y chirriantes-. Sin duda, son los bueyes con los que aramos y el trasunto de lo que somos como pueblo hoy. Yo, han visto, ya he votado cuál es la mala moneda, y cuál era la buena. Ay, Señor, el low cost (suspiro). Vamos a votar. O no, oiga: "Ande yo caliente y vote otro a esa gente", con licencia de Góngora.

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