Podría el lector despistado, al hilo de lo que voy escribiendo estas semanas, pensar que este juntaletras intruso desprecia la política, y nada hay más lejos de eso: la política me gusta más que comer con las manos, me parece una actividad preciosa y estoy convencido de que los problemas políticos sólo se resuelven con más política. Lo despreciable -de des, sin, y pretium, recompensa; es decir, de baja estima, indigno- es un número no determinado de individuos y familias que llevan demasiado tiempo ya ocupando el espacio que los demás hemos abandonado hace ya demasiado tiempo. Empate. No hemos terminado una campaña y empieza la siguiente, y esta es la buena. La madre de todas las campañas. Las elecciones municipales. Nadie ha ganado el poder central en España sin antes ganar las municipales. Vamos a elegir 67.515 concejales en los 8.093 municipios de España, que es donde pasan las cosas de verdad. 77.515 hombres y mujeres cuya mayoría no determinada, libre y valiente, pone con generosidad su cara en el cartel para preocuparse de lo de la calle, que es de todos.

Conozco personalmente un número no determinado de decenas de concejales de gobierno y de oposición de casi todos los partidos, la mayoría de poblaciones de menos de 50.000 habitantes, también algunos de capitales de provincia, e incluso de la capital del Reino. Los hay rápidos y brillantes, ebrios de proyectos buenos y verdaderos, focos de atracción de materia para sus pueblos, rascando pasta en todas las convocatorias del mundo mundial, haciendo que su pueblo luzca, dándole honor a su nombre; otros son lentos pero seguros como un viejo John Deere, parece que no están pero no paran de hacer en todo el mandato lo que hay que hacer, al final todo bien bacheado, la luz para el alcalde, que es el sol y pronto otro periodo más sobre los hombros o el merecido retiro sin muchas alharacas; lo que más hay son cabezones, en la forma y en el fondo: buenas gentes que ponen su mucha o poca inteligencia al servicio de sus vecinos a cambio de palos. Gracias a todos los vecinos concejales de todos los pueblos.

P.S. Conocí a Alfredo hace exactamente ocho años, el 11 de mayo de 2011. Cuatro días antes del terremoto político, hubo un terremoto tremendo en Lorca, él era ministro de Interior y no suspendió el acto, no quería dejar sin atender lo que el definió como el tejido más sano de la política; después, en un mitin de su campaña, vi su gesto incómodo ante unas palabras del Guerra que todos ustedes han vuelto a ver; luego después de los 110 del 20N, algunos cruzamos el Rubicón tras un general con horchata en las venas y en la desbandada, rendidos ante la evidencia de su talla política, le dimos al César lo que era del César. Gracias Alfredo.

P.S. 2. Dicen que hay elecciones Europeas. Menos retórica europeísta y más unión política: recaudación común, servicios comunes, ejército europeo. OTAN NO, bases fuera.

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