Querido Fernando: Gracias por echarte el equipo de tus amores a la espalda siendo tan sólo un niño cuando el Atleti intentaba salir del infierno de la Segunda División tras haber tocado el Cielo con un doblete. Gracias por esos tus goles que junto con la sabiduría de don Luis Aragonés y el trabajo de tus compañeros contribuyeron a devolver al equipo donde se merecía por historia, a la Primera División. Gracias por abrazar entonces con mucho orgullo, coraje y corazón la bandera de las rayas rojas y blancas que nadie quería abrazar. Gracias por sacrificarte en beneficio del Atleti al tomar esa dura decisión de dejar tu equipo del alma para que tu marcha supusiera un punto de inflexión hacia arriba en lo económico y en lo deportivo cuando al club le costaba despegar. Gracias por pasear la bandera del Atleti en la celebración del triunfo de la Selección Española -con un gol tuyo en la final contra Alemania- en la Eurocopa de 2008 cuando eras jugador del Liverpool. Ni ese gol sirvió para que prensa y aficionados de otros equipos te valoraran como un grandísimo delantero. Nunca se te valoró como debería de habérsete valorado simplemente por el color de tu corazón, como tampoco se valoró lo suficiente a don Luis Aragonés por el mismo motivo. Ya sabes, no va a ser el discípulo más que el maestro.

Gracias por llevar atada a tu muñeca una bufanda del Atleti en la celebración de la victoria de la Selección Española cuando jugabas en el Chelsea. No te importó lo que Liverpool y Chelsea pensaran de esos mensajes de cariño que mandabas a la afición rojiblanca en esas celebraciones, que hacían que tu familia atlética se siguiera sintiendo muy orgullosa de ti y soñara con la vuelta del hijo pródigo. Gracias por volver al equipo. Tan deseada era esa vuelta que reuniste a más de 50.000 atléticos en tu presentación en el Vicente Calderón, aunque nunca te fuiste, siempre estabas presente en el estadio gracias a que muchos aficionados acudían a los partidos con la camiseta que lucías en el equipo de la ciudad de Los Beatles. Gracias por lo que has aportado en esta tu segunda etapa que concluyó el pasado domingo con un último partido ante el Eibar en el que marcaste los dos goles colchoneros. Gracias por demostrar que esa Europa League que ganaste con el Atleti el pasado 16 de mayo es "sin duda, mi mejor título", el mejor título de quien lo ha ganado todo, el título que habías soñado levantar desde que tenías 11 años mientras veías al equipo celebrar la Liga y la Copa del Rey de 1996 en Neptuno. Gracias por esas emotivas palabras de despedida en las que insistías en que nunca necesitaste ganar títulos con tu equipo para sentirte el jugador más querido, demostrando ser un espejo humilde en el que se miran esos niños a los que aconsejabas que, si se lucha por los sueños, se acaban cumpliendo. Querido Fernando, gracias por tanto.

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