Gafas de cerca

josé Ignacio / Rufino

A los Goya, yo, de esmoquin

QUE el hábito por ser más ortodoxo no hace al monje más honesto es bien cierto. Nos sobran ejemplos de dandis de mayor o menor abolengo que han resultado ostentar una catadura personal muy por debajo de los paños y complementos que visten. Iñaki Urdangarín, que perteneció a la Casa Real hasta descubrirse que delinquía menos finamente que se conjuntaba, es un modelo clásico e impecable; con un porte, lo dicho, majestuoso. Hernández Moltó, socialista ex presidente de CCM, la caja de ahorros que él llevó a la ruina, en el banquillo de los acusados dijo que él era "un animador sociocultural" -que, como todos sabemos, es para lo que están los presidentes de bancos-, y también se viste como un señor, y gasta corbatas y zapatos de postín que van divinamente con su plateada melena. También plateado, pero en el otro extremo del estilismo y la ideología -aunque el trinque acerca a la derecha y la izquierda una barbaridad- tenemos a Marcos Benavent, uno de los populares valencianos acusados por la Justicia, que desde su imputación ha evolucionado a un estilo neohippy, como disfrazado de santón hindú. Y, claro, tenemos a Iglesias.

Pablo, en vaqueros, se cayó del caballo de Alcampo, vio la luz de la cortesía y ha dado el golpe el sábado pasado en la gala de los Goya. Se ha plantado allí de esmoquin, como exige la invitación. Pablo -niño en el bautizo, muerto en el entierro- recordaba a esos irreductibles que despotrican de la corbata y el terno pero que, invitados a una boda, dan el pelotazo, y se visten más para la ocasión que el novio, con mayor o menor criterio. De esos que, aunque van vestidos de media etiqueta porque -he ahí la clave- van a almorzar a un evento especial, desde que se sientan en la mesa se quitan, precisamente, la prenda protocolaria, y se remangan la camisa slim-fit, con virginal desparpajo, abofeteando la gentileza indumentaria que con fe conversa habían abrazado.

Pablo Iglesias cumplió con el atuendo en los Goya (soporté la gala apenas un rato; causa mucho apuro el cuento de emotivos-comprometidos con que los cuentistas profesionales se desempeñan el su día de glamour: el cuento del cuento, el metacuento). Unos días antes, fue en vaqueros a ver al "ciudadano Felipe de Borbón" a la Zarzuela. Podríamos hablar de coherencia, de respeto, de instituciones, de política de tele y tuit, de marcusianos 3.0. Pero más bien creo que la actitud estética del líder de Podemos no es ya propia de un maleducado, sino que es una pamplina de quien no se ha visto en otra.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios