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Contra Franco

Para luchar contra Franco, mi consejo es que dejen de mirar al pasado y se centren en el presente y el futuro

Me recuerdan a lady Macbeth lavándose las manos una vez, otra vez y otra vez de un lejano franquismo. Condenas en el parlamento, críticas cíclicas, películas vejatorias, leyes de memoria histórica, más condenas, más películas, la tumba vaciada… ¿Tendrá esto fin? Chesterton imaginó a un ateo que terminó arrancando las vallas de los caminos porque hasta los travesaños se le antojaban cruces.

Se les ve empeñados en borrar un pasado que está fuera de su alcance porque pasó, y entonces sus esfuerzos contraproducentes los enervan y exasperan. Mientras, Franco está más vivo hoy que en 1978 si testamos la prensa y la opinión pública. Tanto empeño por enterrarlo ha devenido contraproducente. Normal: ¡si para enterrarlo lo desentierran!

¿Anhelan un imposible? ¿Se puede alterar el pasado? ¿Cambiar la historia? Yo he venido a dar a los antifranquistas retrospectivos una excelente noticia. Sí, se puede. Tenía razón Antonio Machado: "Ni está el mañana -ni el ayer- escrito". La cuestión está en el método. Simone Weil usaba esta imagen: los pesos no se cambian torciendo el puntero de la balanza, sino lo que se pesa. El pasado no se escribe ni escribiendo ni proscribiendo, sino cambiando el presente, de modo que el ayer intocable, por comparación, se convierta en otra cosa.

Pasa igual con nuestra vida particular: si hacemos de ella algo hermoso y mejor, redimimos las partes más dolorosas o indignas del pasado, que se convierten así en pasos necesarios hacia el final feliz. Para luchar contra el franquismo, mi consejo es que dejen de mirar al pasado y miren al presente y al futuro. Que humillen a Franco por contraste y olvido. Ha habido muchos avances, pero, a lo que se ve, no han sido bastantes. Que creen una España más próspera, más segura, con familias más sólidas, con una clase media más optimista, con mejor educación, con más unidad, con menos corrupción, con más crecimiento demográfico, con menos impuestos, etc. De esa forma, todos, con independencia de ideologías y leyes de pensamiento obligatorio, estaremos de acuerdo en aquello del país en blanco y negro. Qué bien y qué pronto Franco pasaría a ser un capítulo breve de la muy milenaria Historia de España y nada más.

Cualquier otro método de lucha antifranquista sobrevenida será inútil, algo así como desollarse las manos como lady Macbeth o arrancar farolas como el personaje de Chesterton o doblar punteros de las balanzas.

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