Sabemos de cosas que no conocemos, conocemos sitios en los que no hemos estado, parece que tuviéramos relación con personas con las que nunca hemos estado. Y en mil asuntos, tenemos opinión pese a no haber vivido el momento en que se sucedieron los acontecimientos. No hace falta haber estado en el campo de batalla para tener opinión sobre la guerra. Todos tenemos opinión formada sobre sujetos a los que jamás conocimos y sobre hechos que no vivimos. Y ello, no es una crítica, es un reconocimiento a quienes nos acercaron pasajes, personajes y anécdotas, a quienes nos transmiten la historia, nuestra historia, la política, la familiar, la social. Necesitamos que nos cuenten para saber de dónde y de quiénes venimos.

Reconozco que me encantan esos encuentros, incluso familiares, con gente que repasa aventuras de tiempos atrás, que nos acercan a personas que hacían y decían, que hicieron. Conocer nuestro pasado, forja nuestro presente. Y lo que somos, tiene mucho de lo que nos prestaron, nos enseñaron y nos contaron. Esta mañana, en un paseo muy temprano enchufada a la radio, de repente, me he descubierto emocionada, ralentizando el paso y con alguna lágrima incontrolada al escuchar sin esperarlo, Grandola, Vila Morena, y sigo dándole vueltas. En el 74 yo no había nacido, no viví la Revolución de los Claveles, hace relativamente pocos años que empecé a viajar al Alentejo pero nada de esto ha impedido que me conmocione esa melodía. Por ella misma y por las canciones que siempre sonaron en casa de fondo, escenas del pasado con imágenes de quienes ya no están pero que tanto nos legaron, letras desmenuzadas desde la inconsciencia a la conciencia más racional. Luchas de otros, a los que tanto debemos.

No sé qué escuchaban ustedes, pero tanto si era la tuna, como si era zarzuela, copla u ópera, seguro que esas canciones aún hoy, los retrotraen a otras épocas y si se paran -pero se paran de verdad- a escucharlas, pueden enlazarlas con batallitas de antaño, asociadas a anécdotas y recuerdos, e intuyo que esas anécdotas y esos recuerdos tienen mucho que ver con lo que son hoy, con lo que hacen y piensan. Está bien lo de usar algunas melodías para parar y repensar, para recordar y no olvidarnos de quiénes somos, de dónde venimos y porqué y cómo hacemos lo que hacemos.

Así visto, me invade la presión por saber transmitir historias y valores, por prestar canciones. Supongo que ambas cuestiones deben ser espontáneos y naturales, sin elecciones tan premeditadas, creo que así lo hicieron. Paremos, escuchemos, recordemos y contemos.

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