La vida vista

Félix Ruiz / Cardador /

Fichajes

CIERRA el mercado de fichajes y con él se van los sueños veraniegos de los aficionados, esos meses en los que el fútbol se juega en la cabeza y cada quien hace en su mente su once ideal para el equipo de su alma e incluso llega a creerse que algún día llegará a verlo sobre el campo. El Córdoba, tras una labor ingente de fichajes y ventas que ha dejado una plantilla prácticamente de estreno, lanza al fin su barco con la tripulación definitiva, de la que se baja a última hora John Ayina, ese jugador que tan simpático caía pero al que tan pocas cosas le hemos visto y que a partir de ahora vestirá la zamarra del histórico Racing de Santander. Por lo demás, en eso que se llama ahora fútbol internacional, Florentino Pérez, como siempre, animó el mercado, pero con sorpresa. Se intuía que iba a hacer sonreír a los niños madridistas con la llegada de Gareth Bale, uno de esos futbolistas de dibujo animado que tanto le gustan al presidente blanco, de mentalidad tan pueril en cierto modo, y al final lo cumplió. Lo que no se avizoraba es que esas risas se tornarían en lágrimas cuando pocas horas más tarde comenzase a quedar claro que Pérez vendía a uno de los grandes ídolos de la hinchada madridista, Mesut Ozil, que coge el avión hacia Inglaterra para enrolarse en las filas del Arsenal dejando atrás un enorme hueco en el corazón de tantos pequeños y no tan pequeños que añorarán su magia. El Barcelona, tras dejarse la faltriquera en el fichaje de Neymar, dormía cual un gigante durante las últimas horas de apertura del mercado, y el Atlético completaba una plantilla de lo más robusta que amenaza con algo grande. Y poco más, salvo certificar un año más que la Liga española se desangra y se va quedando sin estrellas secundarias mientras la Premier inglesa se hace cada vez más y más grande y competitiva. En todo caso, el fútbol avanza en estos tiempos extraños hacia un mundo de millones de euros y de espectáculo colorista y se aleja de todo cuanto era sentimentalidad y corazón. Ni siquiera los estadios parecen ya un refugio y la mayoría comienzan a verse medio vacíos los fines de semana. Todo acaba por caer siempre en manos de los mismos.

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