¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Feijóo encuentra el punto

En dos asuntos ha estado especialmente acertado el líder popular: Vox y Cataluña

Feijóo .

Feijóo . / EFE

LA improbable investidura de Alberto Núñez Feijóo ha sido un éxito. Y lo ha sido porque el líder popular, que salió malherido de las Elecciones Generales, ha encontrado el punto exacto, entre dialogante y firme, de lo que deberá ser su acción de oposición en los próximos tiempos. Feijóo tiró de la mejor escuela gallega de oratoria, del Rajoy más rutilante –que siempre lo fue el parlamentario, nunca el gobernante–, para mostrarse como una auténtica alternativa de poder para aquellos españoles (que sin duda son la mayoría, independientemente de sus opciones políticas) que no están dispuestos a tragar con el intento de refundar la democracia española para convertir la “Nación española” –así y solo así la llama la Constitución– en un frágil y deshilachado estado confederal, en una carroña alimento de élites locales, en una patria mil leches.En dos asuntos ha estado especialmente acertado el diputado Feijóo: Vox y Cataluña. Con la formación derechista, el PP hizo lo que debería haber hecho hace tiempo: respetarlo y reconocerlo. Es cierto que hay asuntos que separan a ambos partidos, pero también hay otros –no pocos– que los unen. Ante Vox, el PP debe actuar sin complejos, sin dejarse acogotar por una izquierda que ha hecho del acoso político, mediático y moral a Vox una herramienta más para perpetuarse en el poder. Hubo respeto y Santiago Abascal se lo reconoció. Puede ser el inicio de una larga amistad que el PP necesita tanto o más que Vox para poder desbancar a este Gobierno de progreso hacia la nada.

Con el asunto catalán Feijóo estuvo inteligente y esperanzador. Lo primero desmontando esa burda identificación de los nacionalismos con Cataluña. El gallego les recordó que, en las últimas Generales, su partido sumó en esta comunidad autónoma más votos que ERC y Junts. ¿Quién representa, pues, mejor a los catalanes? El tono de Feijóo hacia Cataluña fue de mano tendida y moderación, pero dejando claro algo que nunca se debería haber obviado: que ningún presidente autonómico –ni director de escuela, por cierto– está por encima de unas leyes que nos obligan a todos los ciudadanos.

Ante un Sánchez chulesco y sobrado (ya veremos el coste de su no comparecencia) Feijóo ha ganado muchos puntos. Para su partido, el PP, y para él mismo en las disputas internas de la derecha española. Ahora solo falta que mantenga esta línea que conjuga la moderación necesaria en una democracia con la firmeza de los principios de la tradición liberal-conservadora española (Fraga incluido, por supuesto).

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