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Expectativas

Pablo Casado ha disipado las iniciales esperanzas de un regreso a los fundamentos del PP

Tras la brutal inmersión demoscópica de principios de semana, se nos impone una no menos excesiva sequía sólo paliada por los productos frescos de la huerta andorrana. Aprovechemos, no obstante, el paro forzoso de los augures para centrarnos en una cuestión nada baladí en unas elecciones cual es la de las expectativas. No olvidemos que si estamos donde estamos es a causa de las que Pedro Sánchez comenzó a acariciar apenas se conocieron los resultados de las pasadas. Sin esas expectativas, que en algún momento le llevaban hasta la mayoría absoluta o muy cercana a ella, posiblemente hubiera sido otro el destino de las negociaciones que simuló con Pablo Iglesias o, quizá, se hubiera atrevido a hacer una oferta a Ciudadanos como le pedían sectores económicos y sociales de mucho peso.

Hoy esos sueños petrinos parecen haberse disipado. Si Sánchez no consiguiera, como mínimo, los resultados del 28-A, estaría ante un fracaso mayúsculo. Otro más. Por otra parte, las negrísimas perspectivas económicas van a introducir un dramatismo que no existía hace unos meses. ¿Se entregará, ahora sí, a Iglesias? Aunque pierda votos, Podemos ha resistido las tensiones territoriales y la escisión de Errejón. Las nuevas elecciones han servido para afirmar el liderazgo de Iglesias y para respaldar su estrategia maximalista. Sus expectativas pasan por seguir siendo imprescindibles para el PSOE, sobre todo si desaparece la posibilidad de un acuerdo de éste con Ciudadanos.

¿Qué le pide Rivera a las urnas del domingo? Sobrevivir, que no es poco. Sus errores estratégicos -algo imperdonable en un partido bisagra- le han llevado al borde de la sima, según todas las encuestas. En el debate de los cinco líderes fue el clarísimo perdedor para todos los públicos. Puede ser -¿quién lo hubiera dicho hace sólo seis meses?- la primera víctima del infernal ciclo electoral. En realidad su futuro depende, sobre todo, de que Casado le necesite para componer una mayoría alternativa, pero ¿es eso una expectativa razonable? Casado ha disipado las iniciales esperanzas de un regreso a los fundamentos del PP y, en busca del voto centrista y "ciudadano", ha dejado una enorme brecha a diestra. La sombra del rajoyismo es alargada, pero sobre todo es sombra y a su vera todo se agosta. Fuera de su influjo mefítico, Vox prospera y Abascal crece, pero es básico que no vuelva a caer en la trampa de las expectativas desmesuradas. Hay partido.

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