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¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Estudiantes embozados

La buena noticia de lo sucedido en la Pompeu Fabra es que existe 'S'ha Acabat', un claro indicio de resistencia estudiantil

Más que las neronianas llamas de Barcelona la nuit, la imagen que resume a la perfección lo que está ocurriendo en Cataluña se captó el pasado martes en las puertas de la Pompeu Fabra, uno de los principales bastiones del adoctrinamiento nacionalista. Allí vimos cómo un grupo de embozados, cual matasietes goyescos o cobijadas de Vejer, impedían la entrada a los estudiantes que habían acudido a la Universidad a hacer lo que se acostumbra: ir a clases. Es decir, una célula de clara raigambre totalitaria impidiendo mediante la violencia el ejercicio de los más elementales derechos a ciudadanos, amparados además por unos rectores catalanes que, como la mayoría de las autoridades en este territorio nororiental, hace tiempo que se entregaron a la festiva rebelión (sedición en términos jurídicos). Desconocemos si los embozados eran orondos burgueses o pijos de los distritos más elegantes de Barna, pero sí tenemos constancia de que pertenecían al Sindicat d'Estudiants dels Països Catalans, una organización de extrema izquierda (para cualquier duda: https://www.sepc.cat/) que, consecuentemente, está en contra de las libertades y los derechos constitucionales.

Sin embargo, extraña tanto alboroto en algunos medios ante la acción de estos piquetes independentistas. En toda España, desde que se recuperaron los derechos políticos y sindicales, es habitual que, bajo el pretexto de la información, a la puerta de los tajos en huelga se ubiquen grupos de extorsión que amenazan (cuando no directamente agreden) a los que han decidido ir a trabajar o estudiar por los motivos que sean (convicción, necesidad o temor). Sólo hay que recorrer a primera hora el centro comercial de cualquier ciudad durante una huelga general. El espectáculo es lamentable, con sindicalistas/os obligando a cerrar las tiendas de bisutería a aterrorizadas dependientas. Asimismo, la facilidad con la que una asamblea de estudiantes puede suspender la actividad docente de algunas universidades andaluzas es algo francamente sorprendente.

La parte positiva de las imágenes de la Pompeu, la buena noticia, es que existe S'ha Acabat, colectivo estudiantil que ha decidido plantarle cara al matonismo sindical indepe y al cinismo patronal (los rectores). En el País Vasco todo comenzó a cambiar cuando un grupo de personas, con Savater o Juaristi a la cabeza, dieron un paso adelante, y dijeron aquello de Basta Ya. Desde ese día, ETA estuvo sentenciada.

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