Otros años les he escrito sobre el verano como tiempo verdadero, ese tiempo del que somos dueños y soberanos, ese tiempo plácido, dulce, calmo, apacible y placentero, pero este año escribo del estío, que viene del latín aestus, calor ardiente, agitación del mar, vehemencia de pasiones; es decir, todo lo contrario de la paz que se busca en este tiempo.

Llevo prácticamente desde finales de junio desconectado de la actualidad por propia iniciativa, pero la puñetera actualidad no se termina de desconectar de uno porque las pantallitas táctiles van en los bolsillos, con sus pitiditos, su mala vibra y toda la morralla de fango en la que navegamos sin remedio hacia el naufragio colectivo. El caso es que ni siendo Robinsón -con acento en la o- Crusoe podría uno desconectar de esta agitación perpetua que nos bombardea por todos los canales, porque estando allí en su isla, al final terminaría llegando un Viernes haciéndose el jueves y ya vendría polarizado de fábrica, con sus sesgos de confirmación, su trinchera portátil, y una agenda cargada de estiércol envuelto en celofán de colorines.

El tema es que desinstalo del móvil el feisbuc, el tuiter y las demás movidas, no miro la tele ni de lejos, tapo las paellas con trapos de cocina limpios por no usar la prensa del día en papel impreso en rotativa, no vaya a ser que me asalte la última chorrada que se le ha ocurrido meter en la agenda a algún cagabadurrias del agitprop patrio, y al ponerme una caña más junto a la candela la última chorrada llega por boca de alguno de los presentes que ha leído o ha visto o ha oído la buena nueva.

Poco importa si es espantajo, esperpento o esputo, igual da si es extravagancia, extemporaneidad, exabrupto exhalado ex cátedra o exageración expelida ex novo, lo que es seguro es que no es importante por más que consigan que parezca que nos importa porque todo el mundo habla de ello mientras lo que de verdad importa queda cada día en un rincón oscuro. Esto es lo que pasa con la selección de temas, que termina determinando de qué se habla y qué se calla, y sobre esta agenda elegida cabe observar cómo se comunican las cuestiones, cuáles son los mecanismos discursivos, cómo arrima cada cual a la ascua su sardina, pasando por encima de la lógica, la ética y la estética.

Me apena ver tantas personas con trayectorias personales y profesionales admirables carcomidas por la propaganda y la polarización, venero a los mayores venerables y puedo entender que en tanto viejos casquen rabias, pero de mi quinta para abajo determinados comportamientos producen mucho asco y una honda preocupación.

Hay sembradores de polvo cerca del río revuelto que saben que en este nuevo orden donde las dan las dan y el que venga que arree. Yo con su permiso, respetable, me piro en agosto y nos leemos cuando pase el estío, ¡que hastío!

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