Las manos unidas, la ouija preparada, las piernas con tembleques y la luz de Congreso de los Diputados apagada mientras una leve claridad entra por las ventanas para dejar en penumbra una sesión en la que el Gobierno ha echado mano de Aramís Fuster y Rappel para que actúen como médiums en una especie de ceremonia del frikismo ilustrado. Saben que con uno sólo de estos amigos de lo paranormal presidiendo la sesión es difícil que quien en su día acuñó el lema de Una, grande y libre despierte de su sueño eterno para que abandone el chalé que se construyó en el Valle de los Caídos. Si hay que hacer espiritismo a lo bestia para que Francisco Franco salga de ese lugar de la inmemoria histórica -ya que la familia ya ha dicho que no se hará cargo de los restos del abuelo-, pues se hace.

Eso sí, le piden a los visionarios de la bola de cristal empañada que hagan lo posible por que la vuelta sea fugaz, tan sólo para cambiarse de lugar de reposo eterno, no sea que le dé por quedarse. No obstante, las invocaciones de Aramís y Rappel continúan sin dar su fruto. El cable de manos unidas que debe encender la chispa de esa vuelta de las tinieblas en plan zombi del dictador para salir del Valle de los Caídos está cortado por el lado del Partido Popular.

"Paco, manifiéstate" y Paco no se manifiesta. "Paco, manifiéstate", y Paco sigue sin manifestarse mientras que a todos empiezan ya a fallarle las fuerzas hasta el punto de pensar en una nueva sesión dirigida, producida y hasta guionizada por la Bruja Lola que no condene la iniciativa a la demencia senil histórica. Por enésima vez vuelve la invocación con un "venga Paco, no te hagas el remolón y abandona el Valle de los Caídos"; y Paco sigue sin salir, pero algunas sillas en las que están sentados socialistas empiezan a moverse hasta casi tirar a más de uno. El tembleque en las piernas se hace más visible. Los efectos neuronales se sienten más mientras que a los políticamente de izquierdas el corazón les habla de que las sillas se mueven porque desde el mas allá y desde el más acá todos defienden que con la salida del dictador del Valle de los Caídos se honra a las víctimas de la represión franquista.

El trance se apodera de Aramís, los cuadros, incluido el del Rey, empiezan a girar como molinos de viento y las televisiones del Congreso se encienden en una especie de poltergeist que deja a todos con los ojos entreabiertos. Una imagen en glorioso blanco y negro se divisa en ella para anunciar algo que muchos esperaban y que otros muchos nunca desearon. Es el espíritu del ex presidente del Gobierno Carlos Arias Navarro. Con voz tenue y entrecortada musita un "Españoles, Franco ha muerto, digo... españoles, Franco ha vuelto". Mientras, una voz fina acaudillada de ultratumba arenga "venga diputados, a cantar: y no estaba muerto, que estaba de parranda..."

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