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Veredas livianas

Noelia Santos

nsgemez@eldiadecordoba.com

Elogio a Mariah Carey

Me gusta la representación del paso del tiempo a través de tres fechas que se amplían a tres meses

No puedo dejar de tararear el All I Want for Christmas Is You de Mariah Carey ni el Navidad con paz de Miliki porque una leve vibración de mi ordenador me anuncia su llegada cada tarde en esta redacción de la calle Foro Romano que, gracias al espectáculo de luz y sonido, mantiene la luz diurna durante más horas que en agosto. No me quejo, bueno sí lo hago, pero no entro en debates de lo necesario que es este precioso medio arco para la ciudad y todos los cordobeses.

Lo que yo venía a decir es que lo que realmente siento es envidia cada vez que se apagan las luces durante un segundo para que arranque la sinfonía de LED. Miro desde el hueco de mi ventana a una calle repleta de gente que mira hacia arriba con caras de ilusión. Yo, sinceramente, quiero ser uno de ellos. Tener mis castañitas asadas quemándome las manos y hacer tiempo mirando escaparates para luego quedarme boquiabierta con ese ritmo de bombillas que se apagan y se prenden al ritmo de Becky G.

Lo que yo necesito es disfrutar de la Navidad, aunque no compre regalos, que sí los compro, pasearme por esos centros comerciales abiertos (por ejemplo) para ver sus respectivos espectáculos de luz y sonido (mismo) y empaparme de este clima en el que algunos aseguran, para mi sorpresa, no sentirse cómodos.

A mí me encanta la Navidad. Me gusta esa representación teórica del paso del tiempo a través de tres fechas que se amplían a tres meses, los catálogos de juguetes (esto más que nada), los árboles gigantes decorados que te hacen pensar en el que tienes en el salón de tu casa (para percibir las claras diferencias que los separan) y el intento que hacemos para que las celebraciones sean mejores que las del resto del año.

No le quito a las fechas esa cantidad de nostalgia que traen consigo, pero ahí está la clave de que la Navidad sea tan importante: es ahora cuando más echamos de menos porque es ahora cuando más nos permitimos tener la capacidad de añorar. Todo eso nos lo aporta el portal de belén, con sus ríos de papel de plata y sus diferencias de altura entre muñecos, esas comidas que no catas el resto del año o esas reuniones familiares con su bingo de cartón a 20 céntimos. Yo permito que Mariah Carey y Miliki me taladren el cerebro por seguir manteniendo la ilusión intacta.

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