Veredas livianas

Noelia Santos

nsgemez@eldiadecordoba.com

Efímera noche electoral

En esos momentos te acercas un poco a la figura lejana del político, casi empatizas

Las horas trabajadas en una noche electoral se pasan más rápido de lo habitual. El día arranca distinto, aunque la noche anterior te la hayas pegado en la Feria. Durante el día va creciendo la confianza en que los tuyos no se peguen un batacazo o en que al menos no salgan muy mal parados. Te acuerdas de vez en cuando de la campaña y en las ganas que tenías de que se acabara. Vas actualizando un directo con los candidatos votando con su mejor sonrisa o con los datos de participación, deseando que estos últimos no caigan demasiado.

Ves a tu compañeros trabajar, los de cerca y los de lejos, y sabes que el día es distinto. La coincidencia de las municipales con las europeas retrasará el conocimiento del resultado, llevas quejándote de eso durante un mes, pero lo apasionante del hecho hace que se te olvide cualquier atisbo de disgusto. Te ha podido tocar el partido ganador, el que se creía que iba a ganar, el que está luchando por meterse o el que pelea por no hundirse demasiado. En esos momentos te acercas un poco a la figura lejana del político, casi empatizas, la victoria o la derrota le dan un halo diferente al que suelen llevar cuando están en campaña o por los pasillos de Capitulares. La empatía se te va a acabar pronto, pero este ratito no te lo quita nadie.

La noche electoral es distinta en una profesión donde se te presupone un mínimo de neutralidad a la hora de trabajar. Te contienes porque tienes que hacerlo, pero lo apasionante de contar los votos también puede convertirse en la decepción si el resultado no es el que te esperabas. Asumir la derrota o celebrar con euforia la victoria no se está tan permitido de cara al público, y eso también puede lastrar.

Puede lastrar que apenas puedas poner el grito en el cielo porque la extrema derecha tenga la llave en decenas de ayuntamientos o porque sabías perfectamente que la división de la izquierda y la elección de uno u otro candidato iba a suponer dejarse en el camino muchos votos.

Vivir la noche electoral en una redacción y en la sede de un partido tiene muchas cosas buenas. Pero más bueno es aún que ni la empatía con algunos ni el lastre de los otros te resten la ideología con la que fuiste a votar. Siempre será mejor conservar una identidad que se mantendrá más allá de una efímera, y siempre apasionante, noche electoral.

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