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Gafas de cerca

Tacho Rufino

jirufino@grupojoly.com

Diabéticos y periféricos

Dicen que la muerte nos iguala, y que la parca no distingue entre ricos y pobres a la hora de pasaportarnos al "barrio de los tranquilitos", como le gustaba decir a mi madre entre risas propias y ajenas (la muerte es cosa seria, y por eso mismo debemos ponerle un poco de guasa a su inexorabilidad: el humor es una defensa inteligente ante la fatalidad). Los investigadores sociales y sanitarios tratan a la muerte con ojos estadísticos que deben hacer ver a los políticos, y a las personas en general, los cursos de acción a acometer para prevenir y curar enfermedades. Esta semana hemos conocido la última entrega del Atlas de la Mortalidad en España que elabora la Fundación Bisabio para la Generalitat valenciana. El mapa de la muerte mete el dedo en la llaga de la desigualdad económica: la diabetes es cosa mucho más sureña que norteña, y en concreto es andaluza. Los colores de la muerte por diabetes van intensificándose a medida que la piel de toro transita de norte a sur. La enfermedad madre de tantísimas enfermedades, a su vez muy emparentada con la mala alimentación está asociada con la renta per cápita, según concluye con toda lógica este estudio: en un territorio privilegiado en variedad y calidad de recursos nutritivo como Andalucía, la comida basura arrasa, en ambos sentidos del verbo. Lamentable.

Como una mala tarde la tiene cualquiera, al conocer el mapa que tan malamente nos retrata en las cosas del comer -del día a día, no hablamos de las bendiciones meridionales llamadas gazpacho, jamón de pata negra, gambas blancas o chocos-, se me vino de nuevo a la cabeza una idea que no pocos barruntamos con más miedo que fatalidad: la condena progresiva a la periferia crónica del sur, y no sólo por la pertinaz incapacidad económica de converger, es decir, de ir creciendo algo más que los demás e ir reduciendo las diferencias de renta; una renta que, como la diabetes pero en saludable, es madre de muchos desarrollos y progresos. Los equilibrismos y mercadeos del Gobierno español con sus socios de ocasión -nacionalistas de las regiones más ricas- tiene un trasunto y un fondo económico: en un juego de suma cero, como lo es a corto plazo el de los presupuestos y su reparto, los dineros irán más a Cataluña y País Vasco, y menos a Andalucía. Para colmo, Pedro Sánchez no cotiza ni un gramo a su partido en Andalucía, al que ni mira y cuyas estructuras quiere dinamitar para colocar a los suyos. Este proceso hacia la periferia parece también inexorable, como la muerte. Las cartas son malas. Como una diabetes, sorda e implacable.

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