El hijo de la luz

antonio Manuel

Desobediencia debida

A Juana sólo le queda su vivienda. Tiene 74 años. El yerno mató a su hija. Y ahora la quieren desahuciar por no pagar las deudas que heredó del asesino. El dinero no tiene escrúpulos. Y quienes se lo reclaman, tampoco. Seguro que dormirán con la conciencia tranquila porque carecen de ella. Como su yerno en la cárcel. Es Juana la que no puede dormir. Hoy en su cama. Mañana, en la calle. Un sistema que permite esta aberración ética y jurídica no puede denominarse "Estado social y democrático de Derecho". Es una burda hipocresía. Las leyes, como el dinero, no tienen alma. Quienes las aplican, sí. Quienes las hacen, sí. Quienes las padecemos, sí. A diferencia de Ana Mato, ni la ignorancia nos exime de su cumplimiento. Pero la injusticia nos debiera bastar como eximente. A nosotros para desobedecer. Y a los jueces para objetar. Y si no lo hacen en casos tan inhumanos como los de Juana, demostrarán carecer de alma como la ley en la que se amparan.

Yo creo en la justicia de los jueces humanos. Los mismos que llaman burros a los políticos, por no llamar de otra manera a quienes dicen representarnos mientras se subvencionan los gintonics o pretendían subirse las dietas en tiempos de hambre. Jueces humanos como los de la Corte Iberoamericana que han impuesto corazón al Gobierno de El Salvador, para salvar la vida de una chica embarazada de un hijo inviable. Jueces humanos como los del Tribunal Europeo que aprovechó el caso de un marroquí para recordar a los políticos que nuestro derecho hipotecario es ilegal, y a nuestros jueces que desde hace 20 años deberían haber apreciado la nulidad de las cláusulas abusivas. Jueces humanos como los muchos que han buscado resquicios legales para suspender desahucios indignos. Jueces humanos como los que ruego impidan el dantesco lanzamiento de Juana.

Porque si no lo hacen, seremos nosotros quienes ejerzamos nuestro legítimo derecho a la desobediencia cívica. Porque nos sobra el alma que les falta a las leyes y a quienes las fabrican. Como decía Henry David Thoreau, bajo un gobierno que encarcele a alguien injustamente, el sitio adecuado para una persona justa es también la cárcel. Y es preferible que Juana duerma en la prisión, y nosotros solidariamente con ella, antes de que duerma en la calle. Si no fuera porque dormiría junto el asesino de su hija. Y quienes deberían dormir con él son todos los que han provocado estas injusticias.

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