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Cambio de sentido

Deshacer el amor

Quienes están flipando con el succionador no son las mujeres, sino el que lo patentó y Amazon

Quienes de verdad lo están flipando con el succionador de clítoris no son las mujeres que han afirmado sentirse liberadas de los dedos de sus amantes, sino Michael Lenke, que es el señor que lo patentó, y el dueño de Amazon. A estos dos castos varones sí que les tiene que entrar la risa nerviosa cada vez que hablan del cacharro, pues desde las redes y los medios de comunicación les han hecho la campaña gratis y, para colmo, han logrado asociar el dispositivo a valores tan deseados como el empoderamiento y la emancipación de la mujer, y la asunción (dicho sea en todas sus acepciones) de su propio cuerpo. Les ha salido redondo el negocio. Cada cual puede hacer de su tálamo un sayo, faltaría más, pero a la que piense que tiene en la mesilla la respuesta kitsch a su realización sexual y hasta personal, me atrevo a recordarle que muchas han sido las tecnologías caseras y los elixires que han acompañado el gozo de las mujeres a lo largo de los siglos. Que de eso no se hablara públicamente no significa que no haya existido, a pesar de la inhibición ideológica y religiosa (cultural, en suma) que ha habido contra la masturbación femenina, y que en realidad sólo constata el miedo a que las mujeres se desmanden. Pensar que el succionador subvierte por fin este estado de cosas es tan cándido (o perverso, según se mire) como creer que el vibrador lo inventó Mortimer Granville para paliar la muy victoriana histeria femenina.

En el cuerpo de las mujeres se hunde hasta el fondo (se introyectan, es la palabra) un puñalito de doble filo: la mutilación y su reverso la prótesis -en forma de tacón, siliconas, botox, maquillaje…-. El caso es no dejarnos en paz. Ahora que es la hora de San Valentín y sus presentes, y que en el ánimo de bastantes estará seguir haciendo ricos a los del succionador, me pregunto si no es mejor idea deshacer el amor -incluido el propio- para, una vez desmontado, hacerlo de nuevas. Afirmar como se afirma que el dispositivo suple al amante es cosificar y darle un sentido utilitario al partenaire, además de ser indicativo de que en esa cama no se han tenido nunca en cuenta los placeres femeninos. Afirmar como se afirma que una de sus bondades es la rapidez, es perderse lo mejor de este mundo. Afirmar como se afirma que es silencioso es dejar de pecar por el oído. Afirmar como se afirma que esto es un antes y un después no deja en buen lugar a amadas, a amantes, ni a la construcción social del sexo ni -acaso de camino- del amor.

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