La vida vista

Dejemos que resucite

La cofradía cordobesa del prejuicio bendito ya se ha pronunciado y se puede ir a la playita tranquila

No se había puesto el sol sobre el caluroso Domingo de Ramos cordobés cuando ya dio comienzo el más que presumible enquistamiento entre apocalípticos e integrados. A los primeros les bastaron unos minutillos, apenas un suspiro, para decir que la nueva disposición de la carrera oficial es una ful y para reclamar, poco más o menos, que los responsables de tal decisión se vayan comprando una fusta para azotarse en plena calle y hacer así su penitencia. Estuvieron rápidos los apocalípticos, más que nada porque los argumentos los llevaban puestos desde hacía meses y no había falta siquiera abrir los ojos para dictaminar que la realidad, como siempre, se acopla a su pensamiento, lo que no deja de ser una pura maravilla. Poco más o menos igual que lo que ocurrió con los integrados, cuyas filas se mostraron ardorosas al reivindicar el acierto pleno de la nueva disposición. Combatientes de los suyo, dieron la batalla los integrados en las redes sociales e hicieron la vista gorda sobre cualquier incidencia que ocurriese debido a los profundos cambios que sufre este año la Semana Santa capitalina. Unos y otros anduvieron como se ve con urgencia, acelerados, y poco tuvieron en cuenta ambos que el lío era inevitable, como ocurre cada vez que hay cambio, aunque el cambio sea sólo el corte de una calleja. Convendría creo yo esperar y, salvo que las ambulancias comiencen a atronar por la ciudad, dejar que la ciudadanía se vaya adaptando a la nueva organización, que ni los cordobeses ni los turistas son imbéciles y ya le irán cogiendo el punto a la cosa si se demuestra posible. Lo que no viene al caso me da a mí es liquidar un cambio histórico sin dejar siquiera respirar el asunto; o sea, sin permitir que la Semana Santa avance para que cada cual decida desde la reflexión y no desde el acelerado lamento o ditirambo los pros y los contras, el acierto y el error. Que Cristo resucite al menos en Santa Marina un año más para que la Córdoba que ni es apocalíptica ni es integrada saque conclusiones. La otra, la cofradía cordobesa del prejuicio bendito, la más numerosa y sabia de la ciudad, se ha pronunciado, así que, de quererlo, se puede ir a la playita tranquila. Lo que no deja de ser, claro, otra bendición.

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