En el tejado

F.J. Cantador

fcantador@eldiadecordoba.com

Currillo

De vez en cuando la vida es tan caprichosa que la razón no llega a entenderla, no puede llegar a comprender cómo puede ser tan injusta con un ser inocente, con un ser humano con mayúsculas, sin maldad y que, al contrario que la mayoría, sabe apreciar las cosas pequeñas de la existencia y derrocha cariño porque la propia vida que le ha tocado en suerte ha sido incapaz de malear su corazón. Hace algo más de una década, cuando los partidos de fútbol de la Primera División no se jugaban uno detrás de otro y muchos coincidían en horarios, encontré un bar que -mientras en la mayoría ponían el partido del Barcelona o el del Madrid- cada fin de semana era fiel al encuentro de Liga de mi Atleti. Su nombre, Casa Curro, un histórico bar ubicado justo enfrente de la parroquia de la Trinidad. Semana tras semana, si no me tocaba trabajar, yo era fiel a esa cita con mi equipo y con el también equipo de quien lo regentaba, Juan Gabriel Pérez Bermejo, un histórico de la hostelería en Córdoba.

Casa Curro me recordaba a aquel bar de la ochentera serie norteamericana Cheers ambientada en Boston (Massachusetts). Me la recordaba porque como ocurría en esa mítica serie en el local del personaje al que daba vida tras la barra Ted Danson, Casa Curro se había sabido ganar a clientes muy fieles que se habían convertido en familia de los protagonistas. En este caso, de Juan Gabriel, de su mujer, María Dolores Moreno -Loli, como era conocida- y del hijo de ambos, Francisco José Pérez Moreno -a quien todo el mundo conoce como Currillo-.

Recuerdo la primera vez que vi a Currillo. Se me ha quedado grabada esa escena en la que mientras veía uno de los partidos del Atleti, su madre entró en el bar llevándolo en silla de ruedas y esos fieles clientes empezaron a bromear con él. El joven se reía demostrando que se sentía querido. Luego supe que Currillo tiene una enfermedad degenerativa que lo convierte en una persona totalmente dependiente, la misma enfermedad que acabó con la vida de su hermano.

Hace años que no voy a ver los partidos a Casa Curro -decidí abonarme a un canal de pago-. Les perdí la pista, pero me alegré mucho cuando a su madre, a Loli, el Aula del Vino la nombró Señora de las Tabernas por sus 30 años de trabajo en la cocina de Casa Curro; y me entristecí mucho cuando sin esperármelo, con Currillo emocionado de nazareno sobre su silla de ruedas, fui testigo de cómo la Hermandad de la Sagrada Cena le dedicó la primera levantá de su estación de penitencia del Jueves Santo de 2017 también a Loli -me enteré entonces de que acababa de fallecer de forma repentina-. El capataz de la Sagrada Cena pidió entonces a Dios que cuidara de Currillo y de su padre. El pasado sábado, un hombre que llevaba a un joven en silla de ruedas fue atropellado mortalmente en un paso de cebra. Era Juan Gabriel. La vida es asquerosamente injusta con las buenas personas como Currillo.

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