La sensibilidad, como la piel, tiene varias capas. No nos duele lo mismo lo que nos roza de lejos que lo que penetra hasta la hipodermis, ni lo que pasa fuera nos afecta como lo que sucede dentro de nuestro ámbito. Dejando lejos Wuhan y entrando hasta la dermis de nuestro entorno, existen realidades que deberían tocarnos, sobrecogernos y afectarnos, y entender que, ante ello a todos nos corresponde asumir responsabilidades, remangarnos y, hacer.

Es cierto y humano que las cuestiones de cada uno mantienen a cada uno ocupado y preocupado y que, encima con la que está cayendo, ya tenemos bastante, pero en nuestra ciudad, en nuestra oficina y en el mismo rellano hay gente pasándolo mal, con problemas que requieren la implicación o al menos la toma de conciencia de todos nosotros. Si de todos los estamentos esperamos ejemplaridad parece más que sensato interiorizar que también nosotros debemos afrontar una participación activa en la mejora de las condiciones de muchos, más allá de las que tenemos de la puerta de casa para dentro, con atención especial al débil o a quienes más lo necesitan. Hay que esforzarse, efectivamente, para que la administración afronte y solvente muchas de las disfunciones del sistema que condicionan la vida de tantos, pero también para que cada uno empecemos a integrar en nuestros días, acciones que reviertan en la mejora de algo que no sea solo lo nuestro.

Puede que sean malos tiempos para la lírica y para muchas cosas -para casi todo- pero estoy convencida de que pueden ser óptimos para muchas otras. No hay mejor ocasión para poner en valor determinadas actitudes que la situación en que nos hallamos, para volvernos empáticos con el otro y exigentes con nosotros mismos. Para reclamar excelencia, esfuerzo, para imbuirse de valores éticos y cívicos y convertirnos ahora más que nunca en miembros de la sociedad activos, responsables y libres de prejuicios. Cuestionar y cuestionarnos.

El más difícil todavía será, con la que está cayendo, a pesar de la que está cayendo o precisamente por la que está cayendo, intentar poner el foco en aquellos que son capaces de anteponer el interés general, el de la comunidad, a los propios, postergando aspiraciones personales, vanidades y egos. Sí, absolutamente excepcional y escaso tal proceder. En todos los ámbitos son mucho más habituales las pugnas individuales por llegar a la posición pretendida que cualquier planteamiento sobre lo que cada uno puede ofrecer al colectivo. Carreras y codazos que relegan al olvido a los más necesitados. Lo dicho, cuestionar y cuestionarnos.

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