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Crónica Personal

Cuestión de educación

La mayor parte de la gente sabe diferenciar entre el lenguaje coloquial y el que debe utilizarse en los foros institucionales

Cuando falta el ingenio, la cultura, la seguridad en el manejo de las situaciones y la capacidad de ironía, se recurre a la palabra gruesa, el insulto y el lenguaje soez.

Decía Cañamero hace un par de días en el Congreso de los Diputados que ya era hora de llevar al Parlamento el lenguaje de la calle y a personas que visten camiseta, peinan rastas y compran ropa en el mercadillo. Se equivoca el dirigente sindicalista si cree que tiene razón. Nadie en el mundo político con dos dedos de frente va a criticar rastas, camisetas o ropa de mercadillo, entre otras razones porque muchos de los diputados y senadores compran en mercadillos y visten camiseta cuando les da la gana aunque procuran que no sea en el Congreso o Senado por respeto a las Cámaras y a los ciudadanos que les eligieron.

Lo que no acaba de comprender Cañamero es que, en España y en Pernambuco, a los parlamentarios que representan a los ciudadanos hay que exigirles responsabilidad, cordura, trabajo en serio, estudio de las cuestiones que tienen entre manos, respeto a quienes no piensen como ellos … y buena educación. El que critica al adversario con el insulto se descalifica a sí mismo. Por no mencionar que el político que no tiene más argumento que el verbo soez, la acusación sin pruebas, el grito y el escándalo permanente acaba provocando la animadversión generalizada. A nadie le gusta comprobar que aquel que le representa es en realidad un pobre diablo sin ninguna base sólida en sus planteamientos políticos y vitales, que prepara su subida a la tribuna escribiendo durante los días anteriores toda una sarta de frases con las que pretende provocar titulares.

Pablo Iglesias y otros miembros de Podemos suelen decir que admiran mucho del trabajo que hicieron los políticos de la Transición, y ERC ha tenido excelentes parlamentarios defendiendo brillantemente posiciones independentistas que no compartían los restantes grupos. No se comprende que, a la hora de la verdad, diputados de Podemos, incluido el propio Iglesias, y de ERC, como Rufián, recurran a un comportamiento que nada tiene que ver con el de los políticos que convirtieron una dictadura en una democracia.

Cuentan que llevan al Congreso el lenguaje y las formas de la calle, pero ni su lenguaje parlamentario ni sus formas son las de la calle. La mayor parte gente sabe diferenciar entre el lenguaje coloquial y el que debe utilizarse en los foros institucionales en los que se decide el presente y futuro de los ciudadanos.

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