Fue en una celebración familiar en el patio de mi abuela Dolores, no recuerdo con cual de mis tíos -carnal o político, qué más da- la conversación sobre el asombroso crecimiento porcentual del PIB de China respecto a los países de occidente. Yo era un pimpollo -terminando el COU o empezando la carrera- redicho y curioso, como ahora pero sin el poso de duda que las canas aportan. Defendía con vehemencia que de seguir esa proyección, China iba a dominar el mundo a través del comercio. Mi tío decía que era imposible, además de un contradios, que una economía dirigida, comunista y contraria al libre comercio pudiera generar cualquier tipo de progreso y mucho menos dominar el mundo. Quizás me dijo que me cegaban ciertos ideales que la reciente caída del Telón de Acero había demostrado del todo inviables en la práctica. Puede ser que le contestara que yo de comunista nada, que como mucho jipi, libertario e insumiso: hay lagunas en los recuerdos del pelo largo.

La cosa quedó en que yo era un jovenzuelo zascandil e idealista y él un señor occidental etnocentrista, que era incapaz de observar a los demás desde fuera de la propia cultura. Ahora que el señor occidental y etnocentrista soy yo -es imposible observar a los demás desde fuera de la propia cultura- mantengo el zascandileo -la juventud y el pelo largo volaron-, cierto idealismo y una curiosidad que me empuja observar a los demás para intentar comprender lo que pasa. La Unión Europea es el mejor constructor social que ha creado la humanidad: ha sacado del hambre y de la guerra a más de 500 millones de personas durante más de medio siglo y ha sido capaz de universalizar los DDHH en su territorio. Es sabido que en China no se respetan tales derechos, algo que no impidió al COI que se organizaran allí unas Olimpiadas; como tampoco se respetan en Arabia Saudí, cuyas constantes carnicerías no son obstáculo para que seamos socios.

El comercio es prepolítica y es imparable. Al final el tiempo me ha dado la razón: un promedio del 10% de crecimiento del PIB en los últimos 36 años; principal potencia industrial y exportadora mundial desde hace un lustro, quitó hace seis años a EEUU el liderazgo en volumen de comercio internacional. Todo esto pasa porque tienen planes: el de 2013 se llama "El sueño Chino" y fija dos metas, 2021 para necesidades básicas de toda la población y 2049 para el pleno desarrollo. El de 58 fue "El Gran Salto Adelante". El del 7 "Socialismo con características chinas". Cuentos chinos, dijeron los señores.

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