AHORA que hay quien gusta de hacer demagogia a cuenta del sufrimiento que padecen algunos animales, he de reconocer que me han impactado algunas noticias sobre la capacidad humana de hacer el mal. Mañana, sin ir más lejos, están llamados a declarar dos individuos acusados de matar a 72 lechones en una finca de la provincia de Almería. Ambos eran trabajadores de la explotación porcina donde se produjo la matanza y los hechos tuvieron lugar el 7 de enero, cuando los empleados realizaron el destete de los lechones y los trasladaron a los módulos de recría. Estos sujetos aprovecharon el momento en el que los lechones se encontraban en el pasillo de traslado para cerrar el acceso y la salida al módulo, por lo que los animales no tenían posibilidad de escapar. Así, mientras uno de ellos grababa con su teléfono móvil, el otro trabajador saltó al pasillo hasta en tres ocasiones, cayendo con todo su peso sobre los lechones. De esta forma sacrificó a 19 cerdos, mientras que otros 53 quedaron malheridos, aunque finalmente también fallecieron por las lesiones traumáticas. Eso sí, tuvieron la genial idea de subir las imágenes al WhatsApp. Como divertimento.

Leo otra información en la que se cuenta que el Seprona de la Guardia Civil investiga el asalto a un refugio canino de la localidad sevillana de El Saucejo, donde unos desconocidos han torturado a los perros, matado a tres tras golpearlos con piedras de hormigón y robado los alimentos y el material existente. Asimismo, se destaca la crueldad de los asaltantes, que torturaron hasta la muerte a los animales.

¿Qué está pasando? ¿Qué estamos haciendo mal? Presumimos de pertenecer a una sociedad avanzada, de formar parte de la nueva era de la tecnología y el desarrollo y resulta que dejamos atrás los valores más simples que deben acompañar al ser humano, como es el respeto a los seres vivos. Que unos imbéciles salten sobre unos lechones con el único fin de querer hacerse los graciosos y luego presumir de vídeo en las redes sociales da qué pensar, la verdad. Al igual que haya quien disfrute asaltando un refugio para perros y se divierta dañando de manera gratuita a los animales y que se ceben en la tortura no tiene nombre. Se supone que la racionalidad es lo que nos distingue de los animales, aunque a veces da la sensación de que hay quienes se parecen a las personas pero se comportan como auténticos estúpidos desalmados.

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