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En el tejado

F.J. Cantador

fcantador@eldiadecordoba.com

Crimen contra la humanidad

Si alguien deja nacer a alguien enfermo, pudiéndolo haber evitado, ese alguien deberá someterse a la posibilidad, no solo de que el enfermo lo denuncie por su crimen, sino de que sea la propia sociedad, que habrá de sufragar el coste de los tratamientos, la que lo haga. Este tipo de gente averiada alza la voz histérica cada vez que se plantea la posibilidad de diseñar hijos más inteligentes, más sanos y mejores. Por el contrario, ellos tratan impunemente de imponernos su particular diseño eugenésico: "hijos tontos, enfermos y peores". Estas frases pertenecen a un artículo publicado el 9 de mayo de 2013 en el diario El Mundo por el periodista Arcadi Espada y que el colega dio en titular Un crimen contra la humanidad. Seis años después, en Chester, el programa de TV del que acabó expulsándolo Risto Mejide, volvió a defender ese pensamiento neonazi argumentando que hoy en día los médicos ya te avisan de que vas a tener ese hijo "tonto" y que, por lo tanto, te facilitan argumentos para soltar el paquete.

Pues bien, después de las arcadas que me ha provocado escribir lo que llevo de columna, le voy a contar una historia personal, señor Espada. Hace 19 años, cuando mi mujer fue por primera vez al ginecólogo, al hospital de Pozoblanco, tras saber que estaba embarazada, volvió con un consejo de aborto, sí o sí, porque, como había tenido toxoplasmosis, lo que iba a dar a luz, sí o sí, iba a ser un "monstruo discapacitado". No es fácil para unos padres primerizos tomar decisiones ante esa situación. Aunque, en mi afán de ser políticamente incorrecto con lo que está de moda -mi reino cada vez es menos de este mundo-, soy contrario al aborto -allá cada cual con su conciencia-, pedí consejo a un buen amigo que piensa como yo buscando un apoyo que me diera fuerzas. Mi amigo no se atrevió ni siquiera a darme ese consejo y finalmente tuvimos claro que ese ser iba a nacer. Fue una decisión dificilísima de tomar, insisto. Acordamos que no queríamos que ese ginecólogo profeta nos llevara el embarazo, cambiamos de médico y nos mandaron al Hospital San Cecilio de Granada para que una amniocentesis nos confirmara si ese bebé iba a ser o no ese tipo de "hijo tonto" que, según usted, señor Espada, no debe tener derecho a la vida.

El profesional que nos atendió en Granada nos dijo que esa prueba no era cien por cien fiable y que tenía riesgo de aborto, además de contarnos que eran muchas las parejas que acudían a ese hospital tras plantearle el ginecólogo de turno una situación similar a la nuestra. Decidimos que esa prueba no la íbamos a hacer. Pasados los meses, nació ese bebé, que ahora tiene 18 años, se llama Irene y que vino al mundo sin discapacidad. ¿Sabe lo que le digo? que, al contrario de esa ley hitleriana de exterminio que usted predica, el crimen contra la humanidad hubiera sido matar a mi hija o a cualquier otro ser inocente.

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