EL DÍA DE CÓRDOBA En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Mensaje en la botella

Córdoba ante los riesgos

No olvidemos que la crisis de salud que estamos sufriendo es muy grave, sin precedentes

Si estábamos preparados o no para lo que se nos está viviendo encima es la pregunta del millón de estos días. Se admitía con cierta distancia que lo que ocurría en Italia podría llegar aquí y antes de que nos diéramos cuenta hemos sido protagonistas de un tsunami cuyas consecuencias pueden ser catastróficas. Muchas son las reflexiones que se hacen desde distintos foros, la mayoría acertadas, pero ante todo debe (o debería) premiar la calma y la confianza en los profesionales que van a acabar con la pandemia del coronavirus.

Sabíamos de su capacidad, pero es ahora cuando además debemos mostrarle respeto y apoyo, sobre todo a los entregados trabajadores de la sanidad, que están haciendo lo indecible por controlar una situación que parece que a otros, a los políticos, se les está yendo de las manos. Y eso es precisamente lo que no me gusta, porque elegimos a nuestros gobernantes para que tomen decisiones y no para que sean timoratos en sus acciones por temor a lo que pueda devenir el futuro, electoralmente se entiende.

Tampoco me gusta la actitud de los políticos que en su cómoda pero indeseada poltrona de la oposición se dedican a tratar de sacar rédito de un contexto tan difícil como el que atravesamos y que estamos viendo en su declaraciones, sobre todo en redes sociales. En Córdoba, por desgracia, tenemos algún caso de esos, de diputados que se dedican a hacer el ridículo en sus perfiles y ni se acuerdan de los problemas de los cordobeses. Allá él y su narcisismo.

Y tampoco me gusta cómo se ha gestionado la suspensión de la Semana Santa, una decisión que toda la provincia daba por hecha desde hace días pero que a modo de pequeñas dosis se ha ido comunicando. Córdoba está preparada para esperar al año que viene, porque siempre ha sabido reponerse de los golpes, si bien esta crisis nos debería llevar a tomarnos más en serio lo que todo el mundo sabe pero nadie soluciona, como es que la ciudad no puede vivir solo del turismo y que tenemos que diversificar.

Pero más allá de todo esto, lo que no podemos olvidar es que nos encontramos en una situación muy grave, con una crisis de salud pública sin precedentes, que tenemos que abordar con responsabilidad y civismo, sin poner en riesgo el clima de convivencia entre los ciudadanos, que aparentemente es más frágil de lo que podemos imaginar.

Mientras anoche escribía este artículo, resonaban en la calle Cruz Conde los aplausos de los cordobeses a nuestros héroes de la sanidad, a los que con este gesto -copiado, ya lo sé- se les quiso rendir tributo. Esa es la Córdoba que necesitamos, la que es capaz de enfrentarse a los problemas con altura de miras, la Córdoba que una vez recuperada del shock se plantee si vale la pena hacer una acopio innecesario de víveres, de discutir en el supermercado por un rollo de papel higiénico. Sabemos hacer las cosas bien cuando queremos. Y eso, sí me gusta.

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