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La reconversión industrial en España es un hito en la neolengua: consistió en mandar a la taberna a miles de curritos con su paga de prejubilata, y en destruir una industria pesada, ligera y mediopensionista, que en aquél entonces era competitiva tanto por el poco peso de la peseta -si hubiera pesado se hubiera llamado pesote- como por unos salarios que iban al compás de los cinco mil pavos americanos de renta per cápita que teníamos en el curso 85-86, como por el saber hacer de todos los individuos que forman parte de las cadenas de producción industriales españolas. Si convertir es transformar una cosa, en puridad, reconvertir debería ser volverla al estado anterior a la transformación, pero como somos impuros también hubiera valido que la reconversión hubiera transformado lo que había en otra cosa: lo que no vale es meter una industria en superávit, sacar el vacío y llamarle reconversión al trile. ¿Dónde está la bolita? Desde entonces hasta ahora cada dos por tres, nuestros gobernantes han sacado los cubiletes y nos han limpiado el forro haciendo desaparecer cualquier atisbo de industria estratégica nacional, invocando los intereses generales, la sacrosanta competitividad, el divino libre mercado, a San Críspulo Guandique o a San Espiridión Pichincha.

El caso es que mientras los países de nuestro entorno siguen haciendo lo suyo, nosotros vamos camino de no producir ni un tornillo. Miren Finlandia, que con apenas cinco millones de habitantes está colocando sus AMV Patria -así, como suena, en español- en medio mundo, USA incluidos, mientras aquí dejamos que los gringos de Santa Bárbara Sistemas, filial de General Dynamics, nos sigan mangando pasta y de paso retrasando la renovación los blindados del ejército de tierra. Somos tan naíf que seguimos dejando fuera del foco estos asuntos, pero un contrato de 2.100 millonacos de euros, 98 de ellos para jugar con prototipos en 2020, bien vale unas líneas contando el modus operandi de esta gente.

Vaya como ejemplo la fábrica de armas de La Coruña: en 2000 el Consejo de Ministros autorizó la venta del 30% a los gringos, que la compraron entera, según reveló -sin consecuencias- el Tribunal de Cuentas en 2009. Tomaron el control y dejaron de fabricar todo lo que allí se hacía, metieron las patentes en un cajón y esperaron a que se pudriera el negocio hasta echar el cierre en 2013. Intentaron limpiarnos también la máquina herramienta, pero un ingeniero de producción de la planta lo impidió y consiguió la concesión en 2014. Hubo cierto interés por parte de fabricantes de la UE en trasladar parte de su producción allí, pero todo fueron dificultades e impedimentos. Teniendo patentes, medios de producción y precios competitivos, Hércules de Armamento, como era previsible no recibió ningún encargo ni civil ni militar. En breve uno de los mejores talleres de mecanizados de precisión de Europa termina en la chatarra. A saber que vendepatrias se llena -más aún- los bolsillos.

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