La vida vista

Capital del arte

Qué extraño que la Galería Carmen del Campo haya tenido que cerrar con lo que aquí gustamos de óleos y pinceles

Córdoba celebró ayer su Día Anual del Arte con gran animación y porrompompero. La señal de salida la dio la alcaldesa de buena mañana cuando presentó el cartel anunciador de las fiestas de Mayo. A partir de ahí, y como marca la tradición, comenzó el festival de opiniones e ironías. Cuentan que un hombre, al parecer pensionista, finitista y residente en la barriada del Zumbacón, fue el único que no ofreció su personal visión del asunto por andar con diarrea y sudores fríos tras una sobredosis de botellines y picantones, aunque ese extremo no quedó confirmado. Lo que sí resultó palmario es que Córdoba puede considerarse desde ya como la capital internacional con más críticos de arte por metro cuadrado, cosa que es muy saludable en tiempos democráticos e ilustrados como los que vivimos. Críticos que mostraron variada tonalidad, pues hubo desde partidarios de la obra del pintor figurativo Rafael Cervantes, que muestra a una mujer en vaqueros que se abanica en escorzo con mirada melancólica, hasta los más clásicos que añoran los faralaes, el torero y el caballo. Muy educados la mayoría, aunque también se sumó a la fiesta el corifeo habitual de mastuerzos que aprovecharon para decir sandeces de escaso gusto respecto a la protagonista de la cartelería. Visto lo visto, y dado que uno opina a diario más de lo que debiese, no emitiré juicio alguno sobre la obra, pues poco aportaría. Sí diré sin embargo que, más allá del resultado, me produce ternura la idea del artista de pintar a su esposa para anunciar las fiestas, porque no hay mejor modelo de lo ideal que lo que uno ama. Y también agregaré, mientras la polémica camina hacia su final feriado, hacia su olvido entre albero, reguetón y rebujitos, que es lástima que viendo tantísimo aficionado a la pintura sean tan escasa la concurrencia cordobesa que se deja caer por el Bellas Artes para disfrutar cualquier sábado de su afición, y no sólo en el Día Anual de la cosa pinturera. Qué extraño en fin que la Galería Carmen del Campo haya tenido que cerrar con lo que aquí gustamos de óleos y pinceles. De ser nuevo en la ciudad reconozco que me parecería un suceso paranormal. Pero como la conozco, y la sé, y la quiero, sólo celebro lo evidente: que Córdoba sigue fiel a sus castizas tradiciones porrompomperas.

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