EL Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define el término "cambalache" (de cambiar) como trueque hecho con afán de ganancia, pero considerado -matiza la ilustre corporación académica- con desprecio y con frecuencia malicioso.

Cambalache es, además, el nombre de un tango compuesto por el compositor, dramaturgo y cineasta argentino, Enrique Santos Discépolo en 1934. La canción denuncia en su letra la época vivida por el autor en la Argentina de la primera mitad del siglo XX, caracterizada por la corrupción generalizada, el fraude electoral, la represión a la oposición política y los continuos golpes de estado, razón por la que -no nos sorprende-, desde su creación, este tango fue prohibido. Una de sus estrofas más conocidas dice así: "Siglo veinte, cambalache problemático y febril... El que no llora no mama y el que no afana es un gil". Pero no nos resistimos a reproducir otros apartados de la tonada rioplatense: "Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador... ¡Todo es igual! ¡Nada es mejor! Lo mismo un burro que un gran profesor. No hay aplazaos ni escalafón, los ignorantes nos han igualao... Es lo mismo el que labora noche y día como un buey, que el que vive de los otros, que el que mata, que el que cura, o está fuera de la ley..."

Lamentablemente, no ha perdido vigencia temporal ni espacial la letra de este tango que denuncia la corrupción y la impunidad. Setenta y cinco años después apenas hemos evolucionado en tales materias. Por lo que respecta a nuestro país, desde esta Tribuna hemos criticado aspectos como la falta de independencia del Poder Judicial, recientemente puesta de manifiesto de forma burda en la célebre cacería conjunta del anterior Ministro de Justicia y el juez estrella de la Audiencia Nacional a la que también acudió un comisario de policía en plena operación "anticorrupción" contra el principal partido de la oposición; las desigualdades entre los españoles derivadas de las insaciables ansias de las Comunidades Autónomas que -gracias al chantaje político- consiguen cada vez mayores cuotas de poder y de financiación en detrimento del Estado; la dependencia de los sindicatos de los respectivos Gobiernos (estatal, autonómicos y locales), deudores de sus privilegios y subvenciones; la corrupción urbanística generalizada; la financiación ilegal de los partidos; el menoscabo de la pluralidad de prensa y las polémicas concesiones de licencias de radio y televisión a los afines al poder, entre otras cosas… "¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón! Cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón...", dice otra de las estrofas de Cambalache.

En este contexto, a nadie extrañan ya los últimos cambios producidos en los Gobiernos de la Nación, Autonómico de Andalucía y Local del Ayuntamiento de Córdoba, como consecuencia no de los resultados electorales sino de auténticos cambalaches políticos.

En el primer caso, desde los propios ámbitos socialistas se justificó la reforma porque se necesitaba un Gobierno con más peso político, esto es, todo el que puede dar el propio Presidente del Partido (histórico Presidente de la Junta de Andalucía durante 19 años), el Vicesecretario General del Partido, y una destacada militante miembro de la Comisión Ejecutiva Federal del Partido, que ha pasado de desempeñar la Secretaría de Estado para Iberoamérica a algo tan dispar como el Ministerio de Sanidad y Consumo. Al equipo también se incorporan el hermano del líder periodístico de la cadena SER, proveniente del ámbito universitario, y, la Presidenta de la Academia que otorga los Goya, como referente para Cultura (Zapatero asume, además, Deportes).

Como consecuencia de la jugada anterior, el Gobierno de Andalucía queda descabezado, nunca mejor dicho, y ha de recomponerse, entre otras cosas, a costa de un jaque mate "magistral", en connivencia con "la reina", al partido socio que posibilita la mayoría de izquierdas en Córdoba y también en otras latitudes.

Trueques interesantes, cambios interesados ¿para quién? Desde luego no para los intereses generales. Qué visión tuvo Discépolo cuando profetizó: "Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé. En el quinientos seis y en el dos mil, también." A lo que podemos añadir: "Y en el dos mil nueve, también".

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios